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	<title>Elsa López, autora en Mujeres Canarias</title>
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	<title>Elsa López, autora en Mujeres Canarias</title>
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		<title>De terciopelo y seda era Pino Betancor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Amada Elsa López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Aug 2023 09:21:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/pino-betancor/" title="De terciopelo y seda era Pino Betancor" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA.jpeg" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Pino-Betancor" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA.jpeg 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-300x164.jpeg 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1024x559.jpeg 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-768x419.jpeg 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1536x838.jpeg 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-700x382.jpeg 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-400x218.jpeg 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1300x710.jpeg 1300w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>Terciopelo y seda De terciopelo y seda era su cuerpo, pero no lo vio nadie. Le enseñaron, ya desde pequeña, a trabajar muy duro y no quejarse. A levantarse al alba, blanca y fría, a ser ave sin vuelo, flor sin aire. Un día marcha a la ciudad inmensa. Allí conoce a un hombre, uno...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/pino-betancor/" title="De terciopelo y seda era Pino Betancor" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA.jpeg" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Pino-Betancor" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA.jpeg 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-300x164.jpeg 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1024x559.jpeg 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-768x419.jpeg 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1536x838.jpeg 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-700x382.jpeg 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-400x218.jpeg 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-PORTADA-1300x710.jpeg 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><article class="u-flex-column u-textAlign-center">
<div class="one-column">
<div class="column">
<h4>Terciopelo y seda</h4>
<blockquote><p><em>De terciopelo y seda era su cuerpo,<br />
 pero no lo vio nadie.</p>
<p>Le enseñaron, ya desde pequeña,<br />
a trabajar muy duro y no quejarse.<br />
A levantarse al alba, blanca y fría,<br />
a ser ave sin vuelo, flor sin aire.</p>
<p>Un día marcha a la ciudad inmensa.<br />
Allí conoce a un hombre, uno de tantos,<br />
pequeño y arrogante.<br />
Los hijos le vendrán sin desearlos,<br />
sin desear a nadie.</p>
<p>Y seguirá cosiendo y cocinando.<br />
Es su deber. No lo discute nadie.<br />
La vida va pasando lentamente<br />
detrás de los cristales.</p>
<p>Le enseñaron a ser el pan que se cocina,<br />
 la mesa que se pone, la ceniza que arde,<br />
y así vivió su triste y corta vida,<br />
 ignorada e ignorante<br />
de todas las bellezas de la tierra. </p>
<p>Nunca de la pasión de los sentidos<br />
le hablaron. De cómo un beso<br />
puede encender el aire.<br />
Y una sencilla, dulce melodía<br />
hasta el cielo elevarte. </p>
<p>Un día se durmió en la vieja mecedora.<br />
Para siempre. Sin haber florecido.<br />
Marchita ya la tez, marchita el alma.<br />
Como tantas mujeres innombrables.</p>
<p>De terciopelo y seda fue su cuerpo<br />
y no lo supo nadie.</em></p>
<p><strong>(<em>Las playas vacías</em>, 1991)</strong>
</p></blockquote>
</div>
</article>
<p>Elegí este poema para hablar de ella, para escribir su nombre y pronunciarlo delante de los demás. Lo elegí porque para mí ese nombre es el resumen de una vida entregada al amor y a la pasión del amor y sus renuncias. Lo elegí para leerlo un 8 de marzo y celebrar con él el día de tantas mujeres que nadie nombra y que aquellos que lo escucharan supieran quién era esa gran mujer, poeta, actriz, cantante, madre y amante, entregada al amor y a las decepciones de una existencia que no fue, precisamente, la soñada. Lo elegí porque <strong>ese poema y quien lo escribió representan el destino de muchas mujeres que renunciaron a su propia vida para hacer posible la vida de los otros.</strong> Ella era esa clase de mujer que deja aparcada su vocación y su ministerio para dar paso a quienes ama. Eligió el amor y dejó a un lado su verdadera vocación: la de actriz y cantante. Sé que fue una elección dolorosa, porque el amor no llegó a compensarla de esa pérdida; sé que sufrió por ello, pero también <strong>sé que su obra poética se nutrió de esa melancolía y hoy somos los demás quienes reivindicamos su nombre agradecidos por su trabajo</strong> y lo que nos legó en él. </p>
<p>Se llamaba Pino Betancor y en la dedicatoria del libro donde está incluido este poema escribe: <em>A todas aquellas personas que un día sintieron su vida como una gran playa vacía, en el dolor de la nostalgia, con ternura, dedico este libro. Y a José María, con amor siempre.</em> </p>
<h2>La primera etapa literaria de Pino Betancor</h2>
<p>Pino Betancor nació en Sevilla el 30 de abril de 1928. A los pocos meses es trasladada a Madrid con sus padres adoptivos. De padre canario y madre andaluza, al comienzo de la guerra civil española, la familia se marcha al extranjero. Residirán en Londres y en la isla de Malta donde asiste al colegio del «Sagrado Corazón» y comienza sus primeras clases de danza. A su regreso a España ingresa en Madrid en el colegio de las «R. M. Irlandesas». Su infancia al cuidado de una niñera francesa y el tiempo pasado en Inglaterra hacen que hable el francés y el inglés perfectamente. Más tarde comienza a estudiar italiano, danza española con los maestros Ángel Cepillar y Trini Borrull y danza clásica con el maestro Gerardo Atienza. <strong>Se educó para lo que más amaba: el teatro, el canto y el baile. Alrededor de 1942 compone sus primeros versos que se recogen en un cuadernillo titulado <em>Primeros poemas</em>.</strong> </p>
<p>En el año 1945 conoce a la cantante canaria María Lisón en un viaje que la Compañía del Liceo de Barcelona hace a Madrid. En una visita a casa de sus padres María Lisón, junto con los cantantes Mercedes Capsis y Pablo Vidal, tienen ocasión de oírla cantar. María le comenta que sería una verdadera pena que con su voz no se dedicara al Bel Canto. Y a través suyo conoce al que será su profesor y maestro, el tenor Delfín Pulido. Tres años más tarde, en 1948, la escucha cantar el que era por aquellos años director del Liceo de Barcelona, Antonio Capdevilla. Entusiasmado por la belleza y calidad de su voz, Capdevilla se ofrece a prepararla para debutar un año después en el Liceo. La obra elegida es «La Traviata», de Verdi. <strong>Pino tiene 20 años y un prometedor futuro como cantante.</strong> Pero el año que empieza, 1949, va a cambiar todos sus planes. Fallece su madre y pocos meses después muere de un infarto Antonio Capdevilla.<strong> Ella piensa que todo esto sólo va a suponer un retraso en sus planes, pero lo que no sabe es que ese retraso será un para siempre. </strong></p>
<figure id="attachment_2687" aria-describedby="caption-attachment-2687" style="width: 250px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor.jpg" alt="Pino Betancor" width="250" height="340" class="alignleft size-full wp-image-2687" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor.jpg 378w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-221x300.jpg 221w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor-295x400.jpg 295w" sizes="(max-width: 250px) 100vw, 250px" /><figcaption id="caption-attachment-2687" class="wp-caption-text">Fuente: Constelación de Escritoras Canarias</figcaption></figure>
<p>En 1950 viaja por primera vez a la isla de Gran Canaria para saber de su familia paterna, los Betancor, y allí conoce al poeta José María Millares. A su regreso a Madrid vuelve con intensidad a sus clases de canto. <strong>Tiene escrito su primer libro de poesía, <em>Manantial de silencio</em>, con ilustraciones de Elvireta Escobio, esposa de Manolo Millares y publicado en <em>Planas de Poesía</em>, una colección dirigida por los hermanos Millares</strong> al comienzo de la carrera poética de Pino Betancor y que va a publicarse con un prólogo de José Antonio Ochaita, pero ya han comenzado a aparecer problemas familiares a causa de la testamentaría de su madre y la situación en su casa se vuelve muy incómoda sobre todo con su padre, razón por la que <strong>Pino y José María deciden contraer matrimonio en 1952 y marcharse a Las Palmas de Gran Canaria y establecerse allí</strong>. La lejanía de la península durante varios años y el nacimiento de sus hijos la van alejando cada vez más del mundo del teatro que fue su gran vocación y que será siempre la asignatura pendiente de su vida. <strong>Pino Betancor deja definitivamente atrás los sueños de cantar y hacer teatro y se vuelca en la poesía.</strong> </p>
<p><strong>De 1951 a 1962 se abre una etapa literariamente creativa para la escritora. Luego hay sólo silencio.</strong> Siete hijos, dos abortos y la muerte de su hija Sonia de diez años en 1964 en Las Palmas, marcarán la ruta que va a seguir. El matrimonio se traslada de nuevo a Madrid huyendo de la persecución a que se ve sometida la familia Millares a causa de sus ideas políticas, ideas que Pino comparte y que, entre otras razones, la habían distanciado de su padre. </p>
<h2>Pino Betancor y su pasión por la Vida</h2>
<p>Según Daniel María, escritor y crítico, en su prólogo a <em>Nada más que esa luz</em>, edición de la poesía completa de Pino Betancor editada en 2016 por el Ateneo de La Laguna y el Instituto de Estudios Canarios, ese silencio se prolonga hasta casi la década de los ochenta cuando comienza la recuperación literaria y pública de la autora. Y a partir de esa década <strong>comienza la segunda etapa floreciente, literaria y vital, de la escritora</strong>. Asiste a recitales y congresos y aparecen reseñas críticas, antologías y ensayos en profundidad sobre su obra. La actividad literaria de la escritora se ve alentada por la atención que ponen en sus obras los textos de Sebastián de La Nuez y Manuel González Sosa. En 1986 Sebastián de la Nuez la incluye en <em>Poesía canaria (1940-1984)</em> y en 1988 el mismo autor escribe <em>Vida y pasión en la poesía de Pino Betancor</em>. </p>
<p>En octubre de 1998, en el III Encuentro de Mujeres Poetas celebrado en Lanzarote, se organiza un homenaje a las dos grandes figuras de la poesía escrita por mujeres en Canarias: Pino Ojeda y Pino Betancor. El profesor Jesús Páez Martín, doctor en filología hispánica y especialista en literatura española contemporánea y teoría literaria, hace un elogio de estas dos figuras. Ese día Pino Betancor recibe el homenaje de cuarenta y cinco escritoras venidas de toda España y de ella dice Páez Martín: “La trayectoria poética de Pino Betancor merece un estudio riguroso y profundo, pues <strong>su lírica es ya un clásico de la poesía femenina insular en la posguerra</strong>. Aunque no pretenda seguir escuela, corriente ni codificación poética alguna, desde sus primeros libros, sin embargo, resuenan las codificaciones líricas más diversas <strong>(del simbolismo al neo tradicionalismo, del aliento clásico a la expresión más contemporánea del verso dilatado en clave de escritura automática al verso pulido con musicalidad modernista)</strong>”. A estas palabras el profesor añade las dichas por Ventura Doreste: <strong>“Delicada, sensual, vuelta hacia sí misma, entregada a los otros, esperando la belleza y lo justo</strong>, se manifiesta en todas sus páginas Pino Betancor. Autora cristalina, luminosa, vertida, y, sin embargo, en íntima comunión oscura con lo vegetal y el viento, con el mar y las estrellas”.</p>
<figure id="attachment_2694" aria-describedby="caption-attachment-2694" style="width: 250px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor2.jpeg" alt="Pino-Betancor2" width="250" height="313" class="alignright size-full wp-image-2694" /><figcaption id="caption-attachment-2694" class="wp-caption-text">Fuente: Biblioteca de Canarias</figcaption></figure>
<p>Se suceden encuentros, apariciones públicas, recitales, antologías donde se incluyen sus poemas, entrevistas donde Pino expone sus ideas sobre poesía, sobre la sociedad que le ha tocado vivir o sobre la más importante de sus pasiones: la vida. En una entrevista publicada en 1987 declara: “<strong>Porque por encima del arte hay una pasión aún mayor en mí. Mi pasión por la vida. No mi vida particular, he tenido grandes alegrías y grandes tristezas, como todo el mundo, creo. Sino de la Vida en mayúscula.</strong> Creo que es el mejor regalo que se nos da y lo primero por lo que hay que luchar. Y siento una enorme tristeza y preocupación por el peligro constante en que hoy la vida se encuentra en nuestro planeta. Hoy no solo se asesinan a los hombres, se asesinan los bosques, los mares, se asesina la naturaleza entera. Pero no pierdo la esperanza de que entre todos los millones de seres humanos que pueblan el mundo se consiga que la paz prevalezca y se pueda detener la gran catástrofe que, por culpa de unos pocos, muy pocos, pudiera terminar con todo. En cuanto a mis ideas políticas creo que son del dominio público. <strong>Pero si bien a los veinte años era bastante revolucionaria en mis ideas, hoy lo soy de un modo más sereno y profundo. Ahora creo que las cosas no son tan sencillas y que aún queda un largo camino por recorrer en nuestra búsqueda de la verdadera justicia social y la libertad de los hombres. Porque yo creo firmemente en la libertad del hombre y los pueblos a elegir su destino y la forma de gobierno que mejor les vaya.</strong> Desgraciadamente la libertad de los pueblos se respeta poco cuando son pequeños y no es justo que por el hecho de que un país sea una gran potencia, con grandes recursos, tenga que aplastar a otros países menos afortunados. Quiero enseñar a mis hijos a vivir en libertad, a que sepan usar esa libertad (aprendizaje difícil como pocos) y a respetar las opiniones y la libertad de los demás. Entendamos que la libertad no es avasallamiento, ni terrorismo, ni libertinaje. Un ser libre, realmente libre, no puede jamás matar, violar, ni atropellar en ningún momento a otro ser humano…”.</p>
<p><strong>Estas palabras testifican su posición ante la sociedad; su lucha contra aquellos que gobiernan contra la voluntad y la libertad de los pueblos. Es la misma Pino de los veinte años, dulcificada por los años y las pérdidas, pero siempre en pie de guerra.</strong> Los últimos treinta años de su vida nos dejarán pensamientos, libros y poemas inolvidables. Y el 3 de enero del año 2003 morirá en Las Palmas de Gran Canaria rodeada del amor de los suyos. El lunes, 6 de enero, El País publica la siguiente nota: “La poetisa Pino Betancor falleció el pasado viernes en el hospital de Gran Canaria Doctor Negrín, centro en el que ingresó el pasado 31 de diciembre tras sufrir un infarto cerebral, informaron a Efe fuentes de la familia de la artista. Poetisa, narradora y esposa del también poeta José María Millares Sall, permaneció en estado crítico desde su ingreso en el citado hospital, en el que falleció esta tarde. La dolencia que causó su muerte sobrevino a Pino Betancor la noche del 31 de diciembre, en el momento de dirigirse a casa de una de sus hijas para celebrar el fin de año…”. </p>
<p>En sus últimas declaraciones a la prensa había hablado de cómo quería ser enterrada: “Primero querría, como Jorge Guillén, que fuera en una tumba sobre la que pusieran: «Aquí yace un hombre enamorado de la vida». Pino añade: «Yo preferiría ser incinerada y que sobre mis cenizas plantaran un árbol. Creo que a través de sus ramas volvería a respirar y a sentir el aire y el sol». No sé si se cumpliría su deseo. <strong>Lo que sí sé es que sus poemas permanecen enraizados a nuestra vida como ese árbol poderoso y fuerte que ella cantó tantas veces. </strong></p>
<h2>Un <em>cuerpo lleno de madrugada</em></h2>
<p>«Me gusta nadar, danzar, cantar canciones con un grupo de amigos, hacer el amor, en definitiva, me gusta vivir», declaró en cierta ocasión y así es como la recuerdo: llena de entusiasmo por las cosas, enamorada de todo y entregada a todos los que la rodeábamos. <strong>Hice con ella viajes y aprendí a quererla por su energía y su instinto de supervivencia. Pino era, fundamentalmente, una mujer alegre y vital, lo que contrastaba con el tono amargo y desolador en ocasiones de muchos de sus poemas.</strong> Para ella era muy difícil hablar de su propia obra; difícil hablar de su poesía. No hablaba mucho de literatura. Le gustaba escuchar. No era el prototipo de la escritora que se impone la tarea de trabajar los poemas como si de una labor se tratara, como si fuera una tarea, una obligación. Nada más lejos de su forma de ser. Había temporadas en que escribía mucho y luego podían pasar meses sin que escribiera un solo verso. <strong>Ella misma confesaba que cuando tenía ganas de escribir los versos le llegaban de una forma natural. «Como si fuera un amigo invisible, vienen, me acompañan durante un tiempo, luego se van, y no hay nada que hacer».</strong> </p>
<p>Sus poemas son declaraciones constantes de amor, de desaliento, de continua perturbación. Escribe sobre el mundo que la rodea y sobre las personas que están presentes en él, y lo hace con tal pasión que sus versos nos llegan como latigazos. Preguntada por su poesía declaraba: <strong>“Cuando un poeta escribe sobre sus propias vivencias, sus amores, sus alegrías, sus tristezas, está dejando testimonio de sí mismo. Te ofrece trozos de su propia vida, no se está evadiendo, y esto también es importante.</strong> Está transmitiendo a los demás sus más profundos pensamientos y sentimientos». Y así lo hizo. </p>
<p>Basta con echar una mirada a sus libros para entender lo que fue su existencia; cómo transcurrieron los días que decidió vivir; en qué momento crujió algo dentro de ella; cuándo fue que el amor le hizo volver a creer en ella misma; cuándo y por qué tanta desilusión, tanta renuncia. En la poesía de Pino Betancor se encuentran los ingredientes precisos para saborear palabras y emociones profundas. Ella sabe delimitar los sentimientos con la palabra exacta y en el momento oportuno.<strong> Nadie como ella sabe de ternuras o de pasiones, nadie como ella, en el mundo de la literatura canaria de los cincuenta, para comunicarnos el dolor, las alegrías y la pasión desasosegada del amor humano.</strong> <em>Qué infinita tristeza mirar la vida, el alma de la vida, / entre mis manos, muerta.</em> </p>
<p>Y si existe una poeta transparente y que pueda reescribir su biografía a través de sus versos, esa es Pino Betancor. No eran necesarias confidencias al atardecer en alguna de las islas que recorrimos juntas; no hacían falta tarjetas de presentación ni epitafios en nuestros encuentros. La reconocí nada más leerla y cuando reedité su libro <em>Cristal</em> en Ediciones La Palma, en el año 1996, hacía ya mucho tiempo que el alma de esa mujer formaba parte de la mía. <em>¡Ay de mí cuerpo lleno de madrugada! / ¿Dónde irás amor mío, que yo no vaya?</em>. Sus poemas nos daban esa imagen de melancolía y tristeza que adivinábamos en ella. El dolor silenciado aparecerá una y otra vez en los títulos de los poemas, en los versos, en la voz poética, en la aparente oscuridad de muchas palabras que dejan entrever el mundo que hay detrás de ellas. <strong>Amor y muerte, sombra, silencio y desesperación, son algo más que palabras en el itinerario poético de Pino Betancor. </strong></p>
<figure id="attachment_2695" aria-describedby="caption-attachment-2695" style="width: 324px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor3.jpeg" alt="Pino-Betancor3" width="324" height="420" class="alignleft size-full wp-image-2695" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor3.jpeg 324w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor3-231x300.jpeg 231w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/08/Pino-Betancor3-309x400.jpeg 309w" sizes="auto, (max-width: 324px) 100vw, 324px" /><figcaption id="caption-attachment-2695" class="wp-caption-text">Fuente: Biblioteca de Canarias</figcaption></figure>
<p><em>Cristal</em> (1956) es, quizá, la culminación de la primera época de su plenitud. El libro está compuesto por poemas llenos de sensualidad. <strong>Son poemas en los que expone sus anhelos, sus deseos de amar y ser amada, sus primeras inquietudes sexuales.</strong> El poeta y crítico literario Manuel González Sosa llegó a decir sobre esta obra: «aunque la palabra privilegiada, la expresión de los entusiasmos y deliquios de la pasión amorosa, el mundo en torno sigue siendo un ámbito donde la naturaleza prodiga los seres y las cosas que invitan al goce de los sentidos, y los versos siempre ágiles y matizados, siempre cálidos y contagiantes, parecen brotar impregnados de la voluptuosidad del ambiente». Hay en la protagonista de estos versos una sombra de la tristeza y la amargura de una frustración reciente, así como una mezcla de lo sensual y lo triste. Las imágenes siguen en la línea de sus primeros poemas de juventud, y el tono es el desgarrador de muchos de ellos. Todo eso con un lenguaje cargado de metáforas que nos hacen llegar hasta el fondo de la realidad que la poeta quiere decir y no decir: <strong><em>Dos pájaros de sombra buscan sus nidos, / y la espada del viento hiere los lirios</em>. No se puede decir más en menos palabras. </strong></p>
<p>Los versos se suceden como en un cancionero. Como coplas de un cante donde la quejumbre y el dolor por la pérdida del amado son cada vez más hondas. Es posible que sea esa la razón por la que elige para cerrar el poemario el personaje de Sor Juana Inés de la Cruz con la que se siente identificada: <em>Ahogada entre blancas tocas/ si era una llama tu cuerpo/ o era tu cuerpo una rosa.</em> El amor va ascendiendo gradualmente a lo largo de los poemas hasta el ofrecimiento pleno: <em>Pero ahora trae tu vino, trae tu boca / y que la vida gima en mi garganta. / El horizonte tiene todavía / su cinta negra y el amor aguarda.</em> </p>
<p>Si la ternura es la clave para entender <em>Manantial de silencio</em> publicado en 1951 cuando acaba de llegar por primera vez a Canarias en una época fundamental de su vida cuando se ha producido la muerte de su madre adoptiva en 1949 (la obra está dedicada «A la memoria de mi madre; devotamente») y es reciente el conocimiento y amor de José María, serán el amor, la sexualidad y sus impulsos lo que vamos a encontrar a partir de <em>Cristal</em>. <em>Los caminos perdidos</em> (1962) aparece seis años más tarde que <em>Cristal</em>. El tono pesimista y melancólico que apenas tiene cabida en sus primeras obras, aquí se acentúa marcando la diferencia de este libro con el tono pasional de los anteriores. En el primer poema, a pesar de que la autora sólo ha pasado la treintena, considera que su vida fue un torbellino de amor, de hijos y de problemas, que la conducen a considerar que todo fue un mal sueño, <em>Sueño que apenas fue vida. / Vida que apenas sentí/ y que hoy la siento perdida</em>. </p>
<p>Casi en tono de copla, sigue, monótona, repitiendo los mismos conceptos de cansancio, de desilusión y de tristeza a lo largo de todo el poema, rememorando con nostalgia lo que fue en otro tiempo y que ahora es solo un recuerdo: <em>Juventud que fuiste ayer&#8230;	/ clavel de tallo bravío. / ayer corola estrellada, / gacela de viva luz</em>. Y, al final del poema, parece que todo se ha perdido, pues hasta los valores fundamentales que antes animaban su espíritu se han evaporado. La vida, el amor y la belleza se transforman en <em>Cansancio de atardecer, / dolor de cauce perdido / que ya no vuelve a nacer.</em>; <em>Te alejas vida, y no sé / si aprendí a decir tu nombre / ni apenas si te gocé</em>. Ese sería el resultado final del gran amor lleno de pasión desgarradora con el que se nos presentaba en sus primeros poemarios. La luz se va apagando. <strong>El telón cae lentamente y la gran cantante, la actriz, la amante deseada y llena de vitalidad, saluda al público, sonríe, y se va.</strong> </p>
<p><em>Quizás en otro tiempo ya remoto / fui una brizna de hierba en el camino, / un irisado insecto de los bosques, / una piedra azulada bajo el agua, / un pájaro sin nido. // Algo breve, ligero como el aire, / que diese la alegría de un minuto / al hombre que no vuelve a nuestro lado</em>. Y si alguna vez volvemos a leerla con la lentitud y la distancia que los años sin ella me imponen, vuelvo a tropezarme con sus confidencias entrecortadas; adivinadas entre líneas: <em>Poca fuerza encerrada en mi cuerpo, / arquitectura diminuta y leve. / Pero la vida es dura y duramente / te requiere a ser más, aunque la sangre / a ser más se revele</em>. <strong><em>Las Moradas terrestres</em> (1976) y <em>Palabras para un año nuevo</em> (1977) están dentro de su trayectoria de compromiso social.</strong> El primer poema de <em>Las Moradas terrestres</em> se proyecta ahora hacia la colectividad, y lo que antes se refería a la madrugada o el alba de su vida privada, ahora se refiere al amanecer de la justicia social. </p>
<h2>Pino Betancor detrás de los cristales</h2>
<p><em>Las oscuras violetas </em>(1987), el último libro publicado por Pino Betancor, es una continuación de los <em>Caminos perdidos</em>: <em>Nunca quise ser más que esa belleza / que apenas se ha mirado se ha perdido</em>. Ahora no sólo desea volver, sino «volver al primer sueño», a la primera juventud, ¿a la infancia acaso?, volver al seno materno, a ese lugar deseado y más acusado en ella que en otras poetas por las circunstancias especiales de su nacimiento. Sería como volver a nacer. <em>Salir de nuevo al mundo / al aire de la vida», Reconocer las cosas por su nombre, / las cosas olvidadas. / Las rosas y los versos, los pájaros del alba, / los aromas nocturnos, / las húmedas violetas de noviembre</em>. Sin embargo, ella misma confiesa en un momento de depresión y pesimismo que <em>Sería tan sencillo salir de nuevo al mundo, / al aire de la vida… /Pero no pudo ser. Cerré las puertas</em>. Sí. <strong>Cerró las puertas a la esperanza, a las ilusiones, a los sueños para quedarse donde nada tiene ya sentido, ni cantar, ni reír, ni amar al amor y a la vida, aunque más tarde, parece renegar de esa decisión y pronuncia las palabras que la van a definir hasta el final de su vida: <em>No, no es verdad, vida, yo te amo. / Te amo tal cual eres, con heridas, / con largas cicatrices en la carne, / ayer tan fresca y lisa de mi cuerpo</em>.</strong> Ella lo sabe. Sabe que tiene que luchar, que los años no han pasado en vano: <em>No, no voy a decirte, te amo igual que ayer, / cuando tenía veinte pequeños años…// Te amaba sin haberte visto nunca. / Desnuda, entera, dura. / Te presentía apenas.</em> </p>
<p><strong>Y, probablemente es entonces, en la plenitud de su vida y pese a todo, cuando comprende que <em>Y no era así como había que amarte, / con los ojos cerrados a tu luz cegadora. / Había que mirarte de frente y resistir tu luz</em>.</strong> Las propias palabras de Pino cuando habla de sus relaciones con el esposo José María, son esclarecedoras: «He vivido un gran amor, un amor que dura después de 30 años. Pero también te diré que ha sido un amor difícil. Unidos por muchas cosas, somos, sin embargo, muy diferentes. José es tranquilo, introvertido, propenso a las depresiones»&#8230; «Él vive más en el pasado, yo deseo vivir el momento presente. Él ama la tranquilidad de una casa, sus libros, sus recuerdos&#8230;»… «Quizá por ser tan diferentes ha habido entre nosotros esa atracción física y espiritual que siempre nos ha unido pese a los problemas que hemos pasado». Los problemas quedan reflejados en algunas estrofas del poema “Pudiste ser” (<em>Las oscuras violetas</em>, 1987).</p>
<article class="u-flex-column u-textAlign-center">
<div class="one-column">
<div class="column">
<blockquote><p><em>Pudiste ser el río de mi vida,<br />
el torrente azulado de mis sueños.<br />
Pudiste ser el alba estremecida<br />
en la cálida noche de mi lecho.</p>
<p>Pudiste ser la luz que no se apaga<br />
en la playa infinita de mi cuerpo.<br />
Sólo estuviste tú, y no te tuve.<br />
Sólo estuviste tú. Lejano, incierto,</p>
<p>Te tuvieron las páginas de un libro,<br />
y los negros renglones de un cuaderno.<br />
Las líneas de un diario envejecido,<br />
y el mar de la niñez en tus recuerdos.</p>
<p>Pude ser para ti la miel más dulce,<br />
el amor más puro. Rosa y heno.<br />
El frescor de la fruta entre los labios.<br />
El pan tibio y dorado entre tus dedos.</p>
<p>Pude ser para ti luna de estío.<br />
La música del sol y del desierto.<br />
El susurro del bosque, ebrio de pájaros,<br />
Y la oscura violeta del invierno.</p>
<p>Yo quise darte el oro de la vida,<br />
la lucha esperanzada, Tierra y cielo.<br />
Pero a tu lado permanecí sola,<br />
enamorada sombra de tu cuerpo.</p>
<p>Tú no supiste ver la transparencia,<br />
ni el verde, ni el azul, sólo lo negro.<br />
Sólo las vestiduras de la muerte<br />
en el amargo trago del desvelo.</p>
<p>Si me pierdes, amor, yo no lo quise.<br />
Tú buscaste el dolor. El rojo. El negro.<br />
El rojo de la sangre, su alarido.<br />
El negro penetrando los infiernos.</p>
<p>Si me pierdes, amor, yo no lo quise.<br />
Quizás para la flor ya no hubo tiempo.<br />
</em></p></blockquote>
</div>
</article>
<p>Y quizás tiene razón y para ella ya no hubo tiempo para más. Pero el tiempo que nos dedicó a abrirse de par en par es una puerta que va a conducirnos directamente al corazón de la mujer, de la esposa, de la amante, de la que eligió su destino y cargó con las alegrías y las tristezas que su elección le ofreció; <strong>una elección que la conduciría a ser de terciopelo y seda y ver la vida detrás de los cristales. Nosotras, desde este otro lado, miramos esa ventana y la saludamos con respeto y admiración. </strong></p>
<p>Elsa López, 7 de agosto de 2023.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Leocricia Pestana Fierro</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/leocricia-pestana-fierro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amada Elsa López]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Jun 2023 06:40:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/leocricia-pestana-fierro/" title="Leocricia Pestana Fierro" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="leocricia pestana" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>BRINDIS Brindo por el sentimiento más grande que el alma encierra y que derrama en la tierra consuelo a la humanidad; que se agita en todo pecho do late un gran corazón; brindo por el buen masón, brindo por su caridad. *** Gallarda y caprichosa una barquilla engolfose del mar en la extensión, rodeola la...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/leocricia-pestana-fierro/" title="Leocricia Pestana Fierro" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="leocricia pestana" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/06/Blog-Leocricia-Pestana-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><article class="u-flex-column u-textAlign-center">
<div class="two-columns">
<div class="column">
<h4>BRINDIS</h4>
<blockquote><p><em>Brindo por el sentimiento<br />
más grande que el alma encierra<br />
y que derrama en la tierra<br />
consuelo a la humanidad;<br />
que se agita en todo pecho<br />
do late un gran corazón;<br />
brindo por el buen masón,<br />
brindo por su caridad.<br />
</em></p></blockquote>
</div>
<div class="column">
<span>***</span></p>
<blockquote><p><em>Gallarda y caprichosa una barquilla<br />
engolfose del mar en la extensión,<br />
rodeola la espuma; pobrecilla;<br />
olvidose del riesgo en su ambición.<br />
Nunca pudo tocar la opuesta orilla<br />
y halló tumba en las ondas su ilusión.<br />
Mirando en esa barca mi cantar<br />
adivinas que tu álbum es la mar.<br />
</em></p></blockquote>
</div>
</div>
<div class="two-columns">
<div class="column">
<h4>SONETO</h4>
<blockquote><p><em>¡Alas! ¡Alas!</br><br />
La inicua Inquisición, en sus prisiones<br />
a Galileo, temerosa encierra<br />
creyendo ¡torpe! sujetar la Tierra<br />
y hacerle abjurar sus convicciones.<br />
Apoyándose en viejas tradiciones,<br />
envidiosos, a Harvey mueven guerra&#8230;<br />
y el mentís de la sangre les aterra<br />
que, al bullir en sus viles corazones,<br />
que a despecho de envidias y cadenas<br />
del mundo en el eterno movimiento logra<br />
el genio lucir sus ricas galas.<br />
Cuando vuela atrevido el pensamiento,<br />
y alcanzando regiones más serenas<br />
despliega audaz sus prepotentes alas.<br />
</em></p></blockquote>
</div>
<div class="column">
<h4>A LA SOCIEDAD “LA COSMOLÓGICA”</h4>
<blockquote><p><em>Alborece, y un cielo nebuloso<br />
sus nubes amontona en el Oriente,<br />
cual si la oscura noche, aunque impotente,<br />
defendiera su imperio tenebroso.<br />
Brilla del sol el disco poderoso,<br />
y al fulgurar su rayo omnipotente,<br />
cubre la noche su luctuosa frente<br />
bajo un manto de luz, esplendoroso.<br />
En el cielo infinito de la idea<br />
que el pasado velara sin conciencia,<br />
la llama creadora centellea&#8230;<br />
¡Paso al sol fecundante de la ciencia,<br />
y el hombre libre siempre sea<br />
al inundar de luz su inteligencia!<br />
</em></p></blockquote>
</div>
</div>
<div class="two-columns">
<div class="column">
<h4>A LA SOCIEDAD «AMOR SAPIENTIÆ»</h4>
<blockquote><p><em>Con férreo diente la corteza dura<br />
de nuestra madre tierra, audaz destroza<br />
el arado, que mano vigorosa<br />
va impulsando por árida llanura.<br />
Al desgarrar cruel su vestidura<br />
deja en el surco la simiente hermosa,<br />
que mañana la lluvia generosa<br />
transformará en guirnaldas de verdura.<br />
Así también, sin que te arredre el peso,<br />
Amor Sapientiæ, tu saber prodiga<br />
surcos abriendo al pensamiento humano,<br />
que en el extenso campo del progreso<br />
¿quién no piensa al coger la rubia espiga,<br />
en la mano feliz que sembró el grano?<br />
</em></p></blockquote>
</div>
<div class="column">
<span>***</span></p>
<blockquote><p><em>La historia y la leyenda nos refieren<br />
qué allá del Asia en la feraz llanura<br />
hay un árbol, que pierde su frescura,<br />
si los rayos del sol sus ramas hieren.<br />
El matinal albor le agosta, y mueren<br />
las flores de purísima blancura,<br />
que, para dar perfumes y hermosura,<br />
sombras, misterio y soledad prefieren.<br />
¡El sol de nuestra ardiente simpatía<br />
no vierta sobre mí sus resplandores!<br />
que tan sólo en la sombra, la voz mía<br />
tal vez logre venciendo sus temores,<br />
que el árbol de mi estéril poesía<br />
pueda brindaros olorosas flores.<br />
</em></p></blockquote>
</div>
</div>
<h4>TANAUSÚ</h4>
<blockquote><p><em>Fuerte, leal, sincero y valeroso<br />
confía en el honor del castellano<br />
el capitán palmero, y pisa el llano<br />
acudiendo a la cita presuroso.<br />
Que no abriga en su pecho generoso<br />
nunca el temor de un proceder villano,<br />
y el caudillo español pone ¡inhumano!<br />
en quien libre nació yugo alevoso.<br />
Y justa e imparcial dirá la Historia:<br />
con nobleza, lealtad, fuerza y bravura<br />
la derrota se ostenta cual trofeo;<br />
De Tanausú vencido fue la gloria.<br />
Junto a su hermosa colosal figura,<br />
Lugo, el conquistador, es un pigmeo!<br />
</em></p></blockquote>
</article>
<figure id="attachment_5316" aria-describedby="caption-attachment-5316" style="width: 360px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5216" style="vertical-align: top;" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/01/Fuente-Diario-de-Avisos.jpeg" alt="Leocricia Pestana Fierro" width="360" height="219" /><figcaption id="caption-attachment-5316" class="wp-caption-text"><span style="font-size: 14px;">Fuente: Diario de Avisos</span><br /></figcaption></figure>
<p>He comenzado por presentar algunos de sus poemas porque creo que <strong>es importante leerlos y luego conocer la vida y el nombre de su creadora</strong>, Leocricia Pestana Fierro. <strong>Lo hago así para que sepan qué emociones, qué conocimientos y qué valores tenía quién ha escrito esos versos y entender o, mejor dicho, no entender por qué su nombre ha pasado desapercibido para la gran mayoría de críticos, historiadores de la literatura y autores del canon literario</strong> cuando su trabajo fue valorado y reconocido por intelectuales y escritores de su tiempo que alabaron su personalidad, su fuerza intelectual y su mérito como poeta. </p>
<p><strong>En la actualidad, algunos investigadores dedicados a la búsqueda de personajes interesantes de nuestras islas han reconocido su importancia.</strong>. Tenemos, por ejemplo, las referencias que hace de su obra Manuel de Paz. De sus sonetos dice que tres son los más representativos por ser los más nombrados: a <em>Tanausú</em>, el gran mito de la isla de La Palma; a <em>Muñoz Torrero</em>, por su canto al liberalismo y a la idea de soberanía nacional y, finalmente, su poema <em>A la Sociedad «Amor Sapientiæ»</em>. A estos habría que añadirles el soneto <em>La inicua Inquisición</em> como canto al librepensamiento, <em>Deprecación</em> como crítica religiosa, y el dedicado <em>a la sociedad La Cosmológica</em> en el que nos dice que la Ciencia nos hará libres. </p>
<p>¿De quién habla Manuel de Paz? ¿A quién van dirigidas sus palabras? Sencillamente se está refiriendo a <strong>Leocricia Pestana Fierro, poeta de la isla de La Palma. Y de ella son los poemas con los que encabezo este artículo</strong>. Yo misma, hace años, publiqué un trabajo sobre dos escritoras canarias marginadas y olvidadas; dos escritoras “invisibles”: <a href="https://mujerescanarias.com/agustina-gonzalez-romero-perejila/" rel="noopener" target="_blank">Agustina González Romero, “La Perejila”</a> y Leocricia Pestana. <strong>Ni las citan ni se ven ni están catalogadas en parte alguna excepto en honrosas circunstancias en que un editor decide publicar un texto sobre ellas o un investigador decide ponerse manos a la obra para rescatarlas del olvido</strong>. Las razones de su invisibilidad son claras. La una por su actitud retadora, por su lenguaje corrosivo y su conducta antisocial frente a una sociedad que la obligó a marginarse y contra la que ella escribió; la otra por su posición moral al margen de lo establecido por una burguesía pacata y ordenada según los criterios sociales y religiosos del momento. <a href="#">La Perejila</a> porque rompió imágenes y posturas que la sociedad de su época consideraba que eran las adecuadas. Leocricia por ser librepensadora, republicana, anticlerical, declararse cercana a pensamientos fuera de lo común en una mujer de la alta burguesía canaria y por su actitud contra esa misma burguesía y dar su apoyo a las mujeres y a los trabajadores.</p>
<p>A través de la documentación manejada por sus biógrafos, <strong>a Leocricia se le aplican los adjetivos de “Seguidora del Librepensamiento”, “partidaria del Libre Examen”, “pensadora”, “racionalista”, “liberal” y “anticlerical” </strong>y, aunque no era creyente, siempre manifestó respeto hacia las religiones siendo partidaria de una laicidad positiva, no excluyente. Fue una firme defensora del racionalismo y de la igualdad y libertad de las mujeres. Era una admiradora y seguidora de Francisco Ferrer i Guardia, el padre de la llamada Escuela Moderna, un método revolucionario de enseñanza que fomentaba la libertad, la igualdad y la fraternidad, postulados que ella asumía totalmente. Cuando Ferrer fue asesinado, Leocricia tenía 56 años.</p>
<h2>Pequeños apuntes biográficos sobre Leocricia Pestana Fierro</h2>
<p>Leocricia Pestana Segunda. <strong>Nace el 19 de agosto de 1853 en una familia de la burguesía de Santa Cruz de La Palma</strong>. Fue bautizada en la parroquia de El Salvador el 11 de enero de 1854 con <strong>el nombre de Leocricia Segunda de las Angustias por haber nacido después de la muerte de otra hija del matrimonio</strong>, también llamada Leocricia que muere el 23 de septiembre de 1853 un mes después del nacimiento de la que sería bautizada con el nombre de Leocricia Segunda. Es hija de José Gabriel Pestana Brito estanquero, depositario de propios y procurador del juzgado y prestamista perteneciente a la burguesía de Santa Cruz de La Palma, y de María del Rosario Fierro Camacho. El matrimonio tuvo siete hijos. <strong>Al no ser obligatoria la enseñanza, al manifestar una muy buena inteligencia y al ser de la clase media acomodada, Leocricia realizó sus estudios de Primaria y Secundaria en la casa familiar con un profesor particular</strong>, Blas Carrillo Batista que le tuteló los estudios y dirigió la lectura, la escritura, el cálculo y demás materias, y era, además, el padre de Dionisio, el que años más tarde sería su marido. </p>
<p><strong>Era una niña muy sensible y soñadora, lo que, unido a la muerte de muchos de sus seres queridos fue forjando en ella un carácter tímido y reservado</strong>. Leocricia, desde muy pequeña, tenía pasión por la lectura. <strong>Durante toda su vida fue adquiriendo libros llegando a tener una biblioteca excepcional para la época y, más aún, tratándose de una mujer</strong>. La educación recibida, la admiración que sentía por las ideas pedagógicas de Ferrer, y las ideas masonas que comparte con su hermano Segundo Gabriel, cofundador de la logia Abora 91 de la isla de La Palma, hacen de ella una <strong>firme defensora de las ideas que la llevaron a ser clasificada de filomasona, aunque nunca llegó a inscribirse en la masonería</strong>. </p>
<p>Quienes la conocieron la describen como una mujer tierna y compasiva preocupada por los necesitados y pendiente siempre de los más necesitados. <strong>José Suárez Bustillo, uno de sus biógrafos, dice de ella: «Leocricia era de estatura media, en torno a 1,60, delgada, pelo recogido y siempre bien peinada, frente despejada y ancha, piel rosada, fina, agraciada de cara, de sonrisa graciosa, voz deliciosa, mirada ardiente, agradable, delicada en el trato y sensible. Muy pulcra en su persona. Vestía a la moda de su juventud, con trajes de color negro o blanco, largos y con cola»</strong>. Y así aparece en los retratos: erguida, retadora, la cabeza bien alta y el mentón hacia adelante. A Don José Apolo de las Casas que la observaba con los prismáticos desde la Huerta Nueva, le parecía “una musa, un ensueño, una divinidad pintada de blanco, que leía, leía sobre la ladera del barranco toda la literatura liberal desde la Revolución Francesa en adelante; que el año de 1789 era para ella un altar, un lábaro, un sol sin límites”. Sebastián Padrón Acosta la apoda “ruiseñor de la selva palmense”. Otro personaje de la época, Crisóstomo Ibarra, escribió sobre ella explicando cómo de joven contemplaba a la dama desde lejos, “aquella figura de mujer, blanca y pálida como un lirio o una magnolia, que se deslizaba bajo las luces crudas del sol por entre los rosales y las enredaderas que trepaban por los muros de su jardín, siempre escoltada por dos rubios felinos que iban rozando su falda, larga como una túnica grieta…” y, en fin,  Antonio Acosta Guión la describe con las siguientes palabras: “Oh solitaria Leocricia, capirote que desgranas de tarde en tarde la preciosa pedrería de tus estrofas, junto a la fuente de tu jardín misterioso&#8230;”.</p>
<h2>La Quinta Verde y Leocricia</h2>
<p><strong>Ese jardín misterioso no era otro que el de la Quinta Verde un lugar privilegiado de la ciudad de Santa Cruz de La Palma donde Leocricia, al atardecer, pasaba tiempo sentada en la parte alta contemplando el mar</strong>. La finca de 9.000 metros cuadrados constaba y aún consta de una casona rodeada de densos jardines. La casona fue construida en el siglo XVI. Esta hacienda fue la residencia de la familia Massieu y era el lugar donde solían ir a veranear. Era también una de las despensas con las que contaban los Massieu, quienes mantuvieron importantes contactos comerciales con Inglaterra en una época en la que el vino, junto con la caña de azúcar, era uno de los mayores motores económicos de la isla de La Palma. Fue bautizada como La Quinta Verde por el color que sus primeros dueños dieron a la carpintería y es uno de los mejores ejemplos de construcción suburbana que existe en Canarias. Una portada con un marco de piedra molinera negra da paso a esta inmensa propiedad. El camino de acceso conduce a una gran escalinata de piedra que, adosada al risco, lleva hasta una segunda portada de cantería roja. El paseo sigue hasta el terreno situado delante de la casona y, una vez dentro, la arquitectura tradicional canaria, da la bienvenida a través de un patio central coronado por una fuente. Pronto se llega, como mandaban los cánones religiosos de la sociedad palmera, a una capilla que guarda todo su artesonado, como el de una iglesia, pero de origen mudéjar y cuya cubierta combina las formas geométricas arabescas con unos querubines propios de la cultura católica.<br />
<figure id="attachment_5316" aria-describedby="caption-attachment-5316" style="width: 360px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5216" style="vertical-align: top;" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/01/Fuente-Biblioteca-de-Canarias.jpeg" alt="Leocricia Pestana Fierro" width="360" height="219" /><figcaption id="caption-attachment-5316" class="wp-caption-text"><span style="font-size: 14px;">Fuente: Biblioteca de Canarias</span><br /></figcaption></figure></p>
<p>En 1897 Leocricia Pestana se casa con Dionisio Carrillo Álvarez, fotógrafo. <strong>Fue un matrimonio de conveniencia, habitual en la burguesía de aquellos años. Incompatibles a nivel político y sentimental, al año siguiente de casada, se traslada a la Quinta Verde propiedad de su hermano Segundo</strong> que había comprado la hacienda a Antonio Álvarez Rodríguez. Leocricia, enamorada de ese lugar, solía visitarlo con frecuencia y es allí donde se da a conocer en las reuniones y comidas de los masones a las que asiste y es precisamente en ellas donde lee sus poemas y comienza a ganarse prestigio como escritora. <strong>A la muerte de su hermano, soltero y sin descendencia, Leocricia se constituye en su heredera y pasa a ser propietaria de la Quinta Verde</strong>. Sin embargo, a causa de un gravamen que pesaba sobre la finca y al no poder hacer frente a la deuda, llegó a un acuerdo con el nuevo propietario. Mediante aquel compromiso Leocricia le cedió la propiedad, pero se reservó para su uso la parte alta de la Casona y los jardines inmediatos. </p>
<p><strong>En aquella casa recibía a intelectuales de relieve y a quienes mostraban un interés especial por conocerla</strong>. Según describe Jaime Pérez García era allí donde “Leocricia recibía sus visitas en una sala luminosa, despacho-biblioteca, cuyas paredes aparecían cubiertas por estantes repletos de libros; al centro de la habitación, una mesa de trabajo con papeles y más libros, y al fondo, un estrado donde, sentados, se iniciaba la conversación.<strong> La anfitriona, de rostro fuertemente maquillado, observaba a sus visitantes tras unas gafas de gruesos cristales con unos ojos que revelaban su inteligencia; entonces hacía gala de su trato afable y afectuoso. Su cultura era vasta; sus ideas, firmes y claras, que no vacilaba en exponer; consideraba a la mujer española esclava de la Iglesia y llena de prejuicios, y criticaba con pasión toda tiranía</strong>. Le encantaba recibir a intelectuales de relieve, los que, de paso por La Palma, mostraban un interés especial por conocerla y mantener con ella gratos momentos de conversación; muchas veces los visitantes subían a verla acompañados por don Elías Santos Abréu, ilustre entomólogo, su médico y amigo”.</p>
<h2>Leocricia Pestana y las veladas literarias</h2>
<p><strong>La invitaban a participar en veladas literarias o musicales donde leía sus poemas. Componía décimas, sonetos y quintillas con tal acierto que era requerida muchas veces para leerlas en público o publicarlas en periódicos y revistas locales</strong>. Son poemas muy del gusto de la época y por esa razón dejaba admirados a quienes acudían a escucharla y a conocerla. Sus versos y sus discursos en pro de la libertad de pensamiento la convirtieron en un personaje público a quien venían a visitar intelectuales de todo el archipiélago. Las crónicas y periódicos de la época hablan de sus apariciones públicas; sus debates frente a la burguesía conservadora de la isla y sus creaciones literarias que responden al espíritu de una mujer que sueña con ser libre y hacer libres a los que la rodean. Después de que en 1898 se trasladara a vivir a la Quinta Verde, se la veía bajar al centro de la ciudad en muy contadas ocasiones.<strong> Poco a poco, va dejando de mostrarse en actos públicos. Sin embargo, le siguen llegando invitaciones para que participe en veladas y le siguen solicitando que colabore con algún poema</strong>. </p>
<p><strong>En los diarios <em>Germinal, Islas Canarias y Fenix Palmense</em> aparecen reseñas en las que se habla de sus apariciones públicas</strong>. El 11 de enero de 1905, se celebra una velada en su honor y Leocricia hace acto de presencia. Asistió a algunas más, como en la noche del 29 de diciembre de 1909, acontecimiento recogido por la prensa (Germinal, enero 1910): “… en nuestro teatro se celebró una velada literario musical en honor del poeta Emiliano Duke y Villegas. En ella formó parte la ilustre poetisa Leocricia Pestana de Carrillo…”. El 19 de marzo del año 1912 se celebró una velada literario musical en el salón principal de la Biblioteca Cervantes en conmemoración de las Cortes de Cádiz. Leocricia no asistió, pero Antonio Rodríguez Méndez se encargó de leer uno de sus sonetos. Otro soneto fue enviado a la Sociedad Sangre Nueva, para excusar su ausencia a un acto en el que fue invitada en 1914. Fue leído por el periodista Antonio Acosta Guión. </p>
<p><strong>Su retiro en la Quinta Verde fue cada vez más acentuado. Debido a las muchas presiones sociales y familiares escribía muy poco y solo le quedaba la palabra con la que exponer sus ideas en las pocas reuniones y actos especiales a los que acudía. Componía sus versos cuando se los pedían o cuando no podía excusarse</strong>. Por lo que cuentan, y sobre todo en el último año de su vida, allí, en la casona, se ponía a leer composiciones poéticas y a exponer sus ideas. Ella misma declara entonces:<em> “No crea que me contraría que mis amigos me vengan a ver. Para mí es una alegría y una satisfacción poder charlar con personas inteligentes. Mi apartamiento se traduce en misantropía y la calificación es injusta. Estoy casi sola porque no tengo quien me acompañe. Aquí leo lo que me va llegando; dialogo con mis flores y con mis gatos, y así, sin grandes inquietudes, veo pasar la vida. No frecuento la sociedad porque no sé hablar de modas ni de otras cosas que no me interesan ni entiendo. Soy, como usted verá, muy mujer, pero detesto frivolidad y chismografía. Sé que en torno mío se ha tejido una leyenda y que se me considera muy diferente de lo que soy”</em>.</p>
<p><strong>Siendo una persona afable y agradable en el trato, Leocricia Pestana vivió sin compañía y condenada a estar sola. En los últimos años de su vida, ya casi retirada totalmente de la vida social y cultural de la isla</strong>, le gustaba recibir sobre todo a los niños y niñas que iban a escucharla a los que regalaba flores y algún verso. Sigue recibiendo visitas, cosa que siempre fue de su agrado, y ya comienza a dar signos de cansancio. </p>
<h2>El adiós de la poetisa Leocricia Pestana Fierro</h2>
<p>Los amigos saben que su corazón no está bien, aunque ella les siga afirmando lo contrario. <strong>La noche del 4 de abril de 1926 supo que había llegado el final y escribió su última voluntad</strong>. Falleció de un ataque cardíaco mientras dormía y, junto a su cuerpo, uno de los gatos que la acompañaron en su retiro. Junto al cadáver, en un papel escrito a lápiz, sobre el velador, apareció su última voluntad. En la firma aparecía: Leocricia Pestana de Carrillo. </p>
<p><strong>En el pedazo de papel, como si de una premonición se tratara, se podía leer:</strong> <em>“Por si me muero esta noche, es mi voluntad que se me cubra con el vestido canelo de seda que está en mi escaparate y la mantilla blanca que también está en él. La librería será para la biblioteca Cervantes, es voluntad de mi marido y mía; lo que tiene mío Don Silvestre Carrillo, se empleará en el cementerio civil y mis muebles se venderán y se dará su valor a la masonería”</em>. Según el cronista de Santa Cruz de La Palma, Jaime Pérez García “La esposa del hombre que cuidaba los terrenos de la finca tenía por costumbre acercarse cada mañana a la Casona, entre las 8 y las 9, para atender las necesidades de la señora. El 4 de abril de 1926, como a la vista todo permanecía cerrado, en silencio, y nadie respondía a sus llamadas, contactó con don José Francisco Carrillo Lavers, sobrino político de doña Leocricia, y éste dio parte del hecho. De inmediato la autoridad judicial permitió la entrada a la casa y en ella se encontró el cadáver de la poetisa que había muerto mientras dormía por insuficiencia cardiaca; junto a ella, su gato”.<br />
<figure id="attachment_5316" aria-describedby="caption-attachment-5316" style="width: 360px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-5216" style="vertical-align: top;" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/01/Fuente-Bienmesabe.org_.jpeg" alt="Leocricia Pestana Fierro" width="360" height="219" /><figcaption id="caption-attachment-5316" class="wp-caption-text"><span style="font-size: 14px;">Fuente: Bienmesabe.org</span><br /></figcaption></figure><br />
<strong>Se le practicó la autopsia y durante dos días se la veló en el local de Juventud Republicana. Fue el último acto público de una mujer culta y singular, tímida y contradictoria, lectora voraz y pensadora por cuenta propia, progresista liberada de las convenciones de una sociedad que fue injusta con ella hasta lo concerniente a su propia muerte</strong>. Había dejado escrito que la enterraran en el Cementerio Civil junto a su esposo y que su biblioteca fuera entregada a la Cosmológica; que sus muebles se vendieran y el dinero obtenido fuera para los pobres de Santa Cruz de La Palma. <strong>Sus deseos no fueron cumplidos. Ni siquiera se hizo realidad su deseo de abandonar la Quinta Verde por la escalinata de piedra y la puerta almenada</strong>. </p>
<p>Ortega Abraham escribió en la prensa local: “… sin embargo, su deseo de abandonar la Quinta Verde por la empinada escalinata de piedra y la puerta almenada no se cumplió; acaso porque el juez que levantó el cadáver lo vio como un venal capricho; acaso porque, en aquel abril lluvioso, el descenso del ataúd comportaba riesgos para los cargadores y engorro para los deudos”. <strong>Lo cierto es que ni sus obras ni sus libros ocuparon el lugar que ella hubiese deseado. Fue enterrada en el cementerio civil en un lugar del que no hay el menor rastro y de ella sólo quedan poemas y referencias en los periódicos de la época; las versiones orales de algún descendiente; cartas y papeles en manos de particulares; el silencio levantado a su alrededor y las leyendas populares que cuentan cómo el fantasma de Leocricia sigue apareciéndose vestida de blanco y escribiendo sus poemas en los pétalos de las rosas del jardín que ella misma cuidaba con tanto amor</strong>. Hay quien la ve pasear por La Quinta Verde las noches de luna llena; quien la ve vagar por el cementerio buscando la tumba de su esposo para dejar en ella unos poemas; y quien la oye recitar y escucha su voz bajar barranco abajo. Algunas personas, después de su muerte, decían haber visto en la casa y en los jardines algunas luces y siluetas extrañas, incluso una figura de mujer con un candil encendido caminando entre las palmeras en las noches de luna llena. </p>
<p>La leyenda fue creciendo a lo largo de los años y hubo quienes escarbaron en los jardines, cavaron en los pozos secos y en las paredes de la finca buscando tesoros, cuando realmente el mayor tesoro de esa casona era ella, Leocricia, y no fueron muchos los que supieron verlo.<strong> Leocricia no tuvo sepultura. No tiene hoy día ni una lápida que la recuerde. Nadie puede llevarle flores a su tumba. Esa es la nota final a una crónica de la desesperanza y que escribo para cerrar este pequeño retrato a grandes rasgos de una mujer excepcional que las buenas gentes de buenas costumbres suelen silenciar por miedo a que tome fuerza su personalidad y pueda llegar ser un ejemplo de comportamiento civil</strong>. </p>
<p>La clase social a la que pertenecía Leocricia Pestana, la aisló por no admitir sus ideas, razón por la que se acabó convirtiendo en un personaje incómodo para los grupos de poder de la isla y para la sociedad en la que le había tocado vivir. Para aumentar esa leyenda <strong>aparecen comentarios y escritos de diferente carácter que hablan de ella como si se tratara de un ser especial que poco o nada tiene que ver con la realidad</strong>. La realidad es que Leocricia Pestana fue una mujer valiente, libre y generosa con sus ideas; que las repartía a manos llenas y jamás cerró las puertas de su casa a reuniones o visitas que quisieran escuchar sus palabras. Amaba la poesía y amaba las flores, los gatos, los niños, la enseñanza y, sobre todo, amaba la cultura y las distintas formas que esta tiene de manifestarse. En vida disfrutó de algunos actos y ceremonias dedicadas a su figura y a su obra, conoció a escritores y personajes del mundo intelectual que acudían a visitarla dada su fama y de todo ello se conservan fotos, artículos, cartas y documentos que lo avalan. Y, sobre todo, tenemos sus paseos en las noches de luna barranco arriba rodeada de jardines y amantes de la poesía. </p>
<p>Elsa López<br />
24 de mayo de 2023</p>
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		<title>Agustina González Romero, por sobrenombre “La Perejila”</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/agustina-gonzalez-romero-perejila/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amada Elsa López]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Mar 2023 11:53:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/agustina-gonzalez-romero-perejila/" title="Agustina González Romero, por sobrenombre “La Perejila”" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="agustina gonzalez romero" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2023/03/la-perejila-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>No es el caso el ponerme a hacer en este momento una crítica literaria ni un análisis de los textos de Agustina González y Romero, “La Perejila”. Mi propósito es otro. Lo que quiero es hablarles de lo que me sugirió la lectura de algunos de sus poemas; qué sentí al volver una y otra...</p>
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<h2>“La Perejila”: Poeta de sátira, denuncia y mala lengua</h2>
<p><strong>Aguda, hiriente, sin temor a las palabras y a lo que ellas significan, esta mujer dejó a su paso algo más que cancioncillas o epigramas </strong>que el pueblo todavía recita, canta y transmite de padres a hijos entre risas y codazos de regocijo. Algunas veces he oído recitar sus poemas como si los versos formaran parte de la tradición popular. Quien lo hacía no mencionaba a su autora ni indicaba la procedencia de esos versos; pero el público se reía ante la certeza de que quien los había compuesto había dado en la diana e, incluso, de que quien los repetía volvía, una vez más, a herir a un personaje que respondía a las características que en la copla se cantaban.</p>
<blockquote><p><em>Un pájaro con cien plumas,<br />
no se puede mantener.<br />
Un escribano con una,<br />
mantiene casa, mujer<br />
y puta, si tiene alguna</em>.</p></blockquote>
<p>Descubrir a la autora de esos versos; saber que aquellos poemas ⎯recitados o cantados según la ocasión y el intérprete⎯ tenían no sólo un público devoto sino una dueña perspicaz e inteligente, me llenaron de satisfacción, pues realmente <strong>es extraño encontrar entre los poetas quienes sean capaces de denunciar, abiertamente y a base de rimas, vicios y corrupciones de sus conciudadanos y de los poderes que los gobiernan</strong>. Saber de ella después, de sus pasos y quebrantos en una sociedad y en una época históricamente muy concreta, más satisfacción aún, porque <strong>podía ponerle un rostro a aquellos poemas; podía darles un nombre y, sobre todo, podía conocer a quien los había compuesto contra viento y marea. Se llamaba Agustina González y Romero, por sobrenombre “La Perejila”</strong>.</p>
<p><strong>Rara vez aparecen estas autoras de sátiras, epigramas y cantares en las listas que las instituciones o los académicos instauran en las universidades y en los centros de cultura cuando tratan de la poesía del siglo XVIII o del XIX</strong>; antes bien, casi todas han sido borradas del canon porque su lengua ha destilado demasiada mala baba y demasiadas palabras malsonantes contra esas mismas instituciones y las familias que las nutren. Y si alguna de ellas ha sido rescatada con éxito es porque la mayoría de los temas de que trata su poesía son considerados, social o académicamente, correctos. Los claustros universitarios españoles de finales del siglo XIX no estaban para cantares de ciego o sórdidas coplillas populares y menos aún si el ingenio tenía nombre de mujer y, encima, la compositora se dedicaba a citar con frecuencia términos como pedo o culo; o a llamar, simplemente, putas a las hijas de conocidos gentilhombres de la ciudad donde vivía. </p>
<p><strong>Las «perejilas» han estado siempre de más en nuestra literatura por muy quevedianas que sean sus rimas</strong>. Pero alguna vez sucede que el pueblo ejerce la presión adecuada y la memoria colectiva devuelve a cada cual al sitio que le corresponde. Los personajes de la calle son arrebatados de la calle y entregados a la historia y la historia los restituye de nuevo, convenientemente galardonados y enriquecidos, al lugar que se les debe. Y este es el caso de «La Perejila» ⎯poeta, poetisa, bardina o bardesa, da igual⎯ que nos dejó una forma diferente de contar en verso los acontecimientos, los modos de vivir, de amar y de morir de sus contemporáneos. <strong>Nos dejó un documento histórico y social que revela las costumbres y los vicios de una ciudad; y nos dejó un álbum de fotografías ⎯de radiografías más bien⎯ de sus paisanos</strong>. La lectura de sus poemas nos conduce a pensar que detrás de unas cualidades poéticas extraordinarias para la improvisación y la rima, hay toda una postura de rebeldía cultural y social que la colocan ⎯guste o no guste verla en esa lista⎯ entre aquellas mujeres de finales del siglo XIX que tanto ayudaron a la liberación de las de su género en determinados círculos sociales de Canarias donde no estaba bien visto que ellas opinaran, hablaran o pensaran por su cuenta. <strong>“La Perejila” se atrevió a todo eso y a más. Fue una mujer adelantada para su tiempo. Una mujer crítica con la sociedad que le había tocado vivir, con opiniones propias y con una conciencia no muy clara de cual era el papel que le había tocado representar en un momento en que no estaba bien visto que una mujer tuviera criterio alguno</strong>. El tiempo le ha dado la razón, aunque ella muriera sin saberlo.</p>
<h2>Entre el porte señorial y el vocabulario soez de “La Perejila”</h2>
<p>Muchos han oído hablar de ella a sus abuelos o han visto su imagen reproducida en figuras de cerámica. Hay quienes la recuerdan en sus últimos años paseando por las calles de Vegueta en la ciudad de Las Palmas. <strong>Los comentaristas sociales la retratan como una vieja de aspecto extravagante y la citan como uno de los personajes obligados en sus crónicas: «&#8230;. deambula por calles y plazas luciendo su manto de blondas, su clarín de sifón, sus grandes gafas ahumadas, su bastón, sus anchísimas enaguas de beatilla negra o canela&#8230;»</strong> </p>
<p>Nosotros podemos imaginarnos a esta mujer, ya de cierta edad y vestida al mismo tiempo de manera elegante por su forma de llevar mantillas y tocados y, al mismo tiempo, esperpéntica por el desuso de algunas de las prendas que se echa encima y que convierten su paseo por las calles del barrio antiguo de la ciudad en un acontecimiento; como una especie de institución errante, mitad severa, mitad cómica, que impulsa a la gente a volverse a su paso y a que muchos la tengan por loca o por excéntrica. <strong>El contraste entre su porte señorial y el vocabulario soez y ordinario del que hace gala, la convierten en una figura estrafalaria e inevitable de la vieja ciudad.</strong> A esta extraña figura habría que añadirle unos toques más como el que siempre fuera acompañada de unas gafas de cristal oscuro y un bastón que usaba para no tropezarse en el empedrado de las calles pues padecía una ceguera causada por una operación de cataratas que no dejó le cicatrizara debidamente. Parece ser ⎯según contaban quienes la conocían de otros tiempos o afirmaban conocerla⎯ que las curas que le hacían después de la operación le importunaban de tal manera que ella misma se arrancó las vendas de los ojos antes del tiempo recomendado por los médicos; acto que le provocó no sólo la ceguera, sino el que se le acrecentaran los malos humores. </p>
<p><strong>Fuera cierto lo que contaran sobre su ceguera o formara parte de la leyenda urbana de esta mujer, enigmática y peculiar tanto por el porte como por la conducta, lo cierto es que acostumbraba ir con el bastón dando golpes a un lado y a otro de la calle y aporreando rítmicamente las paredes y las piedras de la acera</strong> y, en ocasiones lo levantaba contra la chiquillería que corría detrás de ella repitiendo su nombre «Perejila&#8230;Perejila&#8230;» cosa que las muchachas jóvenes o los niños hacían con frecuencia para buscarle la lengua. Al oírse llamar de esa manera, se revolvía y daba palos al aire o sobre las costillas del que se le pusiera por delante al tiempo que recitaba las coplas que se le venían a la cabeza. <strong>Cualquier motivo era suficiente para hacerle componer sobre la marcha las rimas más divertidas y feroces, recitarlas en el momento oportuno a la cara de quienes provocaban su ira, o cantarlas acompañada de la guitarra fuera donde fuera y si la ocasión o los oyentes lo requerían</strong>. Muchas de sus improvisaciones han quedado en el olvido o en la memoria de aquellos a quienes iban dirigidas; otras fueron borradas directamente del mapa después de que las oyeran quienes luego no han querido recordarlas; otras, las menos, se salvaron y llegaron a nosotros gracias a la recopilación y divulgación que de algunas de ellas hicieran amigos o admiradores de la voracidad satírica o escatológica de “La Perejila”. <strong>La mayoría de sus poemas y coplas se han perdido para siempre o han quedado confundidas en el anonimato del folclore popular</strong>. </p>
<p><strong>Una buena parte de las composiciones fueron recopiladas por Juan Padilla y Padilla en vida de su autora; el resto las recoge de la tradición oral quien fuera su editor y prologuista en 1947, Néstor Álamo.</strong> En 2002, la editorial Idea incluyó el volumen Poesía satírica y burlesca, Agustina González y Romero La Perejila, dentro de su colección de obras de escritoras canarias Volcado silencio. En esta ocasión no se incluyó el estudio previo de Néstor sobre la escritora, su obra y su época. En la misma colección apareció en 2004 Perfiles de mujer, que incluía una semblanza de la autora debida a Alfonso González Jerez. Aquella primera publicación hecha gracias al apoyo de Juan Rodríguez Doreste, alcalde de la ciudad de Las Palmas en esos años y a quien Néstor Álamo, encargado de la primera edición, el prólogo y las notas, dedica la obra entusiasmado y agradecido por la justicia que se le hace a esta mujer que es, según sus palabras, <strong>«uno de los más extraordinarios temperamentos producidos por las islas»</strong>. </p>
<p>Las notas históricas y sociológicas introducidas en esa primera edición hacen del prólogo una joya antropológica que nos sitúa perfectamente en el ambiente social y literario de la ciudad en que vivió Agustina González. <strong>Gracias a los datos que nos aporta Néstor Álamo en esa extensa introducción a la obra de “La Perejila” sabemos de ella hoy mucho más de lo que probablemente llegaron a saber sus coetáneos. Al investigar el personaje, el editor reconstruye un árbol genealógico tan completo que nos remonta al tatarabuelo de la poetisa y a la relación familiar que esta tuvo con clérigos, hombres ilustrados y personajes de la vida social y política de las islas</strong>. Por él sabemos que de familia le viene la gracia y el talento a Agustina para reírse del mundo. De su tatarabuelo, don Isidoro Romero, el viejo, la chispa y la facilidad para contar chistes; de Antonio Romero y Vibero del Toro, su bisabuelo, la agudeza; de los dos juntos, la capacidad para dar una respuesta rápida y violenta; y de su abuelo, Isidoro Romero y Ceballos, hijo del anterior, la capacidad de observación y grandes dotes para la escritura. Su madre, Francisca Romero y Magdaleno, era hija de Isidoro Romero Ceballos y Josefa Magdaleno que procedía de una familia acomodada de Fuerteventura. Su padre, Manuel González y González, era hijo de Miguel González y María del Rosario González, naturales de Santa Cruz de Tenerife. De la boda de Isidoro Romero con Josefa Magdaleno nacerán once hijos y entre ellos Pablo (Las Palmas, 1777), Mariano (Las Palmas, 1783) y Francisca de Borja Agustina (Las Palmas 1787), madre de nuestra poetisa. Un hijo de Pablo, José, contraerá matrimonio con María Dolores Palomino y serán los padres de Pablo, Pedro y Mariano Romero y Palomino (Las Palmas, 1830), sobrinos-primos y adversarios, en lo familiar y en lo poético, de Agustina que descargó sobre ellos buena parte de su creatividad. Sus versos, agrios y certeros, se clavaron principalmente en esta parentela. </p>
<p><strong>El apodo de “La Perejila”, le venía del padre, pero realmente se lo debía a la madre</strong>. Cuentan que Isidoro Romero, el abuelo materno, padre quisquilloso y asustado por los coqueteos de las hijas, no permitía galanteos con ellas por creer que todos los pretendientes que se les acercaban podrían parecerse a él y tener sus mismas artes para la conquista de las mujeres en las que él había sido un experto. Por esa razón, las hijas decidieron poner nombres de plantas a los galanes y por medio de ese sistema, ya de por sí bastante literario dentro de lo cotidiano, eligieron las más cercanas a su mundo y a sus conocimientos como eran las hierbas medicinales o las de uso culinario. Las doncellas les avisaban de la llegada de sus pretendientes utilizando la clave. Así, cuando era Manuel al que le tocaba cortejar a Francisca de Borja, la doncella decía: «por ahí pasa perejil». Y con «perejil» se quedó Manuel González y toda su descendencia y así llegó hasta nuestros días arrastrado por la popularidad de su hija. </p>
<p><strong>Agustina González y Romero nace en el año 1820 en Las Palmas de Gran Canaria</strong>. <strong>Estudió en San Martín, un colegio de pago de las Hermanas de la Caridad a donde iban a estudiar las niñas bien de Gran Canaria</strong> y donde aprendían a bordar en oro el típico realce, a confeccionar mantillas de encaje y a embellecerse con afeites, pinturas y peinados estrafalarios. Posiblemente no aprendió mucho más y lo más probable es que aguantara poco tiempo allí dentro porque a ella lo que realmente le gustaba eran la guitarra y el canto. Y es casi seguro que se educara musicalmente fuera del colegio y que lo hiciera de manera autodidacta o de manos de algún buen tocador de la isla. Todo lo demás: <strong>la literatura, el arte, y la extensa cultura general que poseía y con la que dejaba boquiabiertos a más de uno, lo aprendió a través de las innumerables lecturas que hizo a lo largo de su vida, ya que fue una lectora insaciable que devoraba todo lo que caía en sus manos mientras la vista se lo permitió</strong> y aún después, que dicen quienes la conocieron que le gustaba mucho oír a los demás leer en voz alta libros de poesía y novelas.<strong> La educación familiar y las innumerables lecturas le dieron la formación que tenía</strong>. Ese gran caudal de conocimientos del mundo y de los otros, unido a una gran intuición y a un enorme sentido del ritmo y la armonía, la empujaron a crearse una imagen romántica del mundo. Esa imagen poética del universo como una meta posible pero claramente inalcanzable, producía en el ánimo de Agustina tal zozobra que acabó por confundir su cabeza y sus emociones y ayudó aún más a que se aislara del resto de la sociedad. </p>
<p><strong>A esta percepción de un ideal imposible de alcanzar habría que añadirle una idea bastante feroz del universo que la rodeaba y una visión totalmente inhumana, incluso para ella misma, de la sociedad que le había caído en suerte</strong>; un punto de vista que era una consecuencia, sin más, de esa apreciación romántica anterior que la llevaba a concebir un mundo que no se parecía en nada al que le había tocado vivir. En sus sátiras contra sus parientes Pablo Romero y Palomino, Mariano Romero y Magdaleno y Mariano Romero y Palomino, están reflejadas las críticas más furibundas contra una sociedad hipócrita y pacata que vive de cara a la galería y contra los ciudadanos que ejercitan las buenas costumbres pendientes del qué dirán y que viven constantemente vueltos hacia el exterior pero que dentro de sus casas o en el fondo de sus despachos y sacristías tienen una moral más que dudosa. <strong>Todos ellos forman parte de su galería de retratos más esperpénticos: justicia deshonesta, iglesia que confiesa y perdona a sus feligreses los mismos pecados que ella comete y oculta, maridos engañados, políticos corruptos, etc., son sus dianas preferidas. </strong></p>
<blockquote><p><em>¿Los partidos? ¡Mentira!, ya no existen;<br />
cada cual atiende a su interés;<br />
y si a sus aspiraciones se resisten&#8230;<br />
en el otro partido están después.</p>
<p>Porque es grande en Canaria la manía<br />
que siguen todos estos diputados;<br />
su prole y sus parciales, en un día,<br />
han de quedar al punto colocados</em>.
</p></blockquote>
<p><strong>Sus arrebatos líricos van dirigidos contra conocidos ciudadanos, jueces, clérigos, alguaciles y escribanos</strong>. Contra ellos compone sus epigramas más duros y sus sátiras más crueles utilizando para ello palabras tan fuera de “tono” en una dama, que <strong>sus recopiladores e incluso sus editores no se atrevieron a reproducirlas al pie de la letra</strong>. </p>
<blockquote><p><em>Calle de San Agustín,<br />
Siempre llena de disputas,<br />
¿cómo albergas tantas p&#8230;<br />
desde el principio hasta el fín?  (sic.)</em>	</p></blockquote>
<h2>Quién es “La Perejila”: Agustina González Romero</h2>
<p><strong>Agustina Gonzáles comienza a producir sin tapujos hacia 1868 cerca ya de los cincuenta años. Para esas fechas, ya había roto con su familia que la tiene dada de lado y con su hermanastro</strong>, Manuel, para el que ella había sido como una madre y que, al ver las consecuencias sociales que la lengua venenosa de Agustina le puede ocasionar, le da la espalda. <strong>La alta burguesía de Las Palmas, aliada con los familiares y la gente de la calle que no soporta las rimas que “La Perejila” compone para burlarse también de ellos y de sus hijos, lanza sobre ella todo tipo de comentarios y especulaciones</strong>. La maledicencia se ceba sobre esta mujer que se había atrevido con todos. Los poemas dedicados a muchachas que Agustina pareció querer especialmente; elegías destinadas a cantar las virtudes y la hermosura de alguna de ellas y los sentimientos que su bondad o su belleza hicieran brotar en su corazón, tan aparentemente reseco, fueron utilizados como prueba de sus inclinaciones amorosas. </p>
<blockquote><p><em>Barquilla soy, ángel mío,<br />
				azotada por el viento<br />
				en medio de un mar bravío<br />
				sin esperar salvamento.</em>
</p></blockquote>
<p><strong>“La Perejila” no oculta sus sentimientos y los expone abiertamente en muchos poemas, sobre todo en aquellos de carácter más lírico, lo que hace que las buenas gentes discurran sobre sus sentimientos y sus posibles relaciones amorosas</strong>. Relaciones que la sociedad condena rápidamente por considerarlas poco ortodoxas y que, de alguna manera, la estigmatizan y aíslan cada vez más. Pero Agustina no retrocede ante sus deseos amorosos. Lo dice y con ello se enfrenta más aún con la sociedad. </p>
<blockquote><p><em>Sólo para mí, Isabel,<br />
vas acopiando el veneno<br />
que gota a gota en mi seno<br />
derramando estás, cruel.</em>
</p></blockquote>
<p><strong>Su soltería, su soledad, y su especial encono a la hora de enfrentarse literariamente con los hombres de la familia y de fuera de ella, hacen que su fama de mujer corrosiva desvirtúe otras facetas de su personalidad poética</strong>: su delicadeza de espíritu, su gran sensibilidad y una extensa cultura que le permite narrar y citar con prudencia a clásicos y modernos; rasgos que han quedado reflejados no sólo en los poemas amorosos sino en otros de carácter religioso o histórico. <strong>Entre las muchas conclusiones que uno saca al leer entre líneas los poemas de «La Perejila» está el darse cuenta de que detrás del vocabulario agresivo de esta escritora se esconde la desesperación de una mujer llena de ternura</strong> que no ha encontrado el modo ni la manera de poder entregar a alguien ese caudal de emociones y de sentimientos; que hay en ella una enorme capacidad de predicción y una más que escandalosa visión de futuro. Habría que preguntarse cómo pudo sobrevivir en aquella sociedad mal intencionada una mujer como ella. </p>
<p><strong>Habría que preguntarse, en definitiva, cómo pudo sobrevivir en una sociedad en la que una mujer no podía expresar abiertamente sus emociones y sus sentimientos sobre todo si no eran los aceptados por la sociedad. Esta mujer apasionada que llegó a ser acusada no sólo de mantener relaciones amorosas con otras damas de la ciudad sino también de darse a la bebida en sus ratos de amargura y soledad, es, en verdad, un personaje romántico que se debate entre la bohemia y la alta burguesía de una ciudad de provincias aprisionada por los convencionalismos</strong>. Y la respuesta a muchas dudas y sospechas sobre su verdadero carácter están en su obra, en ese fondo de amargura que late en su poesía sobre todo cuando deja salir sus sentimientos sin cubrirlos de ironía o de mala sangre, evidentes puertas abiertas a la desesperación. Hay en ella tres personas distintas, tres mujeres en una que componen la imagen definitiva de Agustina González Romero.</p>
<p><strong>Una es la poetisa de ideas puras:</strong></p>
<blockquote><p><em>Voló tu alma al ancho firmamento,<br />
perfume suave que el aura evaporó,<br />
flor de una sola tarde que arrancó<br />
el huracán, con ímpetu violento.</p>
<p>Meteoro brillante, que un momento<br />
 el éter y la tierra iluminó.<br />
Tu cuerpo, ¡oh Carmen!, inerte se quedó<br />
y en un suspiro se elevó tu aliento.</p>
<p>Dichosa tú mil veces, que triunfante<br />
abandonas fugaces ilusiones<br />
y ante el trono de Dios, hermosa y pura,</p>
<p>convertida tu alma en nube errante<br />
preferiste habitar otras regiones<br />
de cánticos de paz y de ventura.</em>
</p></blockquote>
<p><strong>Otra es la irónica:</strong> </p>
<blockquote><p><em>Ya no se llama Canaria,<br />
 que la han puesto, por clamor,<br />
 la Gran Isla Barataria<br />
 y un Sancho, gobernador.</p>
<p> Si pierdes, Pablo, ahora la ocasión<br />
y a la ciudad no vienes sin tardanza,<br />
de seguro te quedas sin turrón<br />
que mandando está al pueblo Sancho Panza.
</p></blockquote>
<p><strong>Y otra la escatológica y demoledora.</em> </strong></p>
<blockquote><p><em>A Magdalena, la hermosa,<br />
un “viento” se le escapó<br />
y Serafín preguntó:<br />
⎯¿Qué fué eso, Magdalena?<br />
⎯¡Ay Serafín, no lo sé;<br />
un aire fétido fué<br />
de las regiones mierderas,<br />
que como son tan ligeras<br />
se me escapó para usté&#8230; (sic)</em></p></blockquote>
<p>Estas dos últimas son las que el público prefiere. Sobre todo la poesía escatológica que Agustina cultiva a placer, le permite desbocarse a gusto y decir lo que piensa sin miramientos. <strong>La Agustina dolorida y desgarradora a quien le pesa demasiado su soledad y su desesperanza, es una desconocida para muchos, y cuando aparece en escasas ocasiones, su público la rechaza</strong>. Ella sabe muy bien de qué pie cojean sus vecinos, y ese conocimiento de las gentes que ella imita en el lenguaje y en las críticas a personajes del poder público ⎯tanto del clero como de la alta burguesía, dos estamentos que ella conoce a la perfección⎯ es lo que la hace ser tan de la calle, tan cercana a las voces del pueblo. Experta en el epigrama, cultiva este género por ser tan cercano a lo popular. Su lenguaje jocoso da siempre en el clavo. Sus improvisaciones se hicieron tan famosas que esa misma fama empujaba a la gente a molestarla para buscarle la lengua y así oírselas decir o cantar. Sus décimas eran a veces tan divertidas que el público se alborozaba con ellas aún a sabiendas de que acabarían siendo como aguijones feroces.</p>
<p>Durante los últimos años de su vida Agustina se traslada una y otra vez de domicilio; a veces por no tener con qué pagar el alquiler, otras por huir de los rumores que cada vez la cogen más y más cansada. <strong>Sus familiares la rechazan y la sociedad la teme y la repudia al mismo tiempo. La ceguera y la ruina a la que le había conducido la familia arrebatándole tierras y patrimonio han agriado aún más su personalidad. </strong></p>
<p><strong>Los problemas económicos y familiares unidos a los suyos personales, han acabado minando poco a poco su salud y su espíritu. “La Perejila”, no obstante, sigue dando guerra a propios y extraños</strong>. El miedo y la zozobra que provocan sus críticas aumentan el rechazo. Vive con su hermana, Carmen, que tiene la cabeza completamente ida y que es parte del mundo de charanga y pandereta de Las Palmas de los años setenta. Las señoritas “bien” se divierten disfrazándola y paseándola por iglesias y saraos mientras buscan la lengua de Agustina para oírle decir obscenidades o, simplemente, palabras malsonantes que ellas no se atreverían jamás a pronunciar en voz alta. Las dos hermanas viven en el número 18 de la calle San Francisco y luego se trasladan a la calle de San Agustín, a la del Espíritu Santo, a la de Los Reyes y a San Roque, sucesivamente. Eligen siempre habitaciones de alquiler para señoras o señoritas de buena familia venidas a menos. </p>
<p>A partir de la fecha de su instalación en la calle de San Roque, <strong>ya en los últimos años de su vida y desligada completamente de los únicos lazos familiares que podían contenerla de alguna manera, Agustina dará rienda suelta a sus epigramas más duros y suculentos, compondrá sus poemas más corrosivos y se convertirá en una verdadera cruz para sus contemporáneos y para su familia que seguirá sufriendo las consecuencias de su lengua venenosa y certera</strong>. Con ella se produce la gran paradoja social: una mujer de familia acomodada y de apellidos reconocidos entre la burguesía isleña, pasea por la vieja ciudad con aires de gran dama mientras de su boca salen pestes y culebras. Admirada y odiada, su fama y su figura la convierten en un personaje público. Su fama llegó a ser tanta que, todavía viva, su imagen de gafas ahumadas, anchas enaguas de color negro, un manto de blondas cubriéndole la cabeza y un bastón en la mano derecha, comienza a reproducirse en los nacimientos navideños en barro o en cera.</p>
<p><strong>Muere en 1897 en el Asilo de Los Desamparados, a los 78 años y a manos de la caridad pública. Son las dos de la tarde de un cuatro de diciembre. Muere pobre y olvidada. Días más tarde, los nacimientos de la ciudad colocan su figura de gran dama cargada de enaguas y mantillas, en primera fila, delante mismo del portal de Belén. </strong></p>
<p>La entrada <a href="https://mujerescanarias.com/agustina-gonzalez-romero-perejila/">Agustina González Romero, por sobrenombre “La Perejila”</a> se publicó primero en <a href="https://mujerescanarias.com">Mujeres Canarias</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Pino Ojeda, decana de la poesía canaria</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/pino-ojeda-artista-canaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Amada Elsa López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Nov 2022 11:21:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/pino-ojeda-artista-canaria/" title="Pino Ojeda, decana de la poesía canaria" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Pino Ojeda" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>El tiempo marca el ritmo de las cosas. La magia hace el resto. En el año 1998 me encontré con Pino Ojeda por primera vez. La historia de la literatura escrita en Canarias o fuera de las islas, pero hecha por mujeres, tuvo un reconocimiento especial ese año. Los días del 1 al 4 de...</p>
<p>La entrada <a href="https://mujerescanarias.com/pino-ojeda-artista-canaria/">Pino Ojeda, decana de la poesía canaria</a> se publicó primero en <a href="https://mujerescanarias.com">Mujeres Canarias</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/pino-ojeda-artista-canaria/" title="Pino Ojeda, decana de la poesía canaria" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Pino Ojeda" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda_EscritorioWeb-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>El tiempo marca el ritmo de las cosas. La magia hace el resto. <strong>En el año 1998 me encontré con Pino Ojeda por primera vez. La historia de la literatura escrita en Canarias o fuera de las islas, pero hecha por mujeres, tuvo un reconocimiento especial ese año</strong>. Los días del 1 al 4 de octubre se reunieron en Lanzarote 45 mujeres, entre las que había poetas, teóricas y críticas literarias. El objetivo de esos encuentros era unir las voces poéticas de mujeres que se expresaban en las diferentes lenguas de la península y de las islas, así como el tratamiento teórico de distintos temas como el sujeto poético o la revisión de la tradición y del canon. El encuentro se cerró con las intervenciones de la catedrática de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Yolanda Arencibia y la investigadora Blanca Hernández que dieron, respectivamente, una <strong>visión de la poesía canaria escrita por mujeres en el siglo XIX y sobre las poetas canarias del siglo XX</strong>.  Como colofón, se rindió homenaje a Pino Ojeda y Pino Betancort, decanas de la poesía canaria, con una conferencia a cargo del especialista Jesús Páez que culminó con una lectura en la voz de las homenajeadas. </p>
<h2>Pino Ojeda: ejemplo de nuestra historia literaria</h2>
<p><figure id="attachment_2135" aria-describedby="caption-attachment-2135" style="width: 400px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda3.jpg" alt="mujeres canarias en la literatura" width="350" height="370" class="size-full wp-image-2135" /><figcaption id="caption-attachment-2135" class="wp-caption-text">Pino Ojeda. Fuente: Ayuntamiento de Teror.</figcaption></figure>Recuerdo bien ese día. <strong>A Pino Ojeda la recuerdo feliz y llena de vida. Su pelo blanco y su sonrisa iluminaban la sala donde se celebraba el homenaje a aquellas dos escritoras canarias de larga trayectoria intelectual; dos ejemplos de nuestra historia literaria; dos mujeres capaces de contarnos sus experiencias como mujeres y como escritoras</strong>; dos mujeres hermanadas en la lucha por sobrevivir en una sociedad que había construido para ellas un cercado lleno de impedimentos y cortapisas pero que ellas habían conseguido derribar hasta liberarse de mitos y cadenas. Y recuerdo su brillo y su sonrisa deslumbrante, acogedora, magnífica en su función de matriarcas rodeadas de poetas de nuevas generaciones que les rendían el homenaje que merecían. Entre ellas se alzó la voz de Blanca Hernández que explicó lo difícil que era intentar llegar a comprender o valorar la obra de una escritora separándola del curso general de la historia. Y habló de Pino Ojeda y de Pino Betancor. Esos dos pilares en los que, de alguna manera, nos veíamos representadas todas nosotras: <em>La vida de estas escritoras se hace literatura y salta así la barrera de lo tópico, para convertirse en una aportación consecuente. La mujer canaria deja de ser objeto de la representación para pasar a ser creadora de su propio cosmos… El desamparo de las islas es el drama de su soledad. Soledad que produce gozo, como es el caso de la poesía de Pino Ojeda&#8230;</em> Dijo. Y habló sobre las escritoras canarias excluidas de las historias literarias y de las antologías y <strong>habló de Pino Ojeda como una de esas voces que, a pesar del reconocimiento de su obra con premios y méritos sobrados, no estaba dentro del canon literario</strong>. Y habló de cómo se desborda la vida en la poesía canaria, una poesía que está cerca de la experiencia de las autoras. </p>
<div style="clear:both"></div>
<h2>Primera y última vez junto a Pino Ojeda</h2>
<p><figure id="attachment_2137" aria-describedby="caption-attachment-2137" style="width: 350px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda1..png" alt="la poesía de pino ojeda" width="350" height="370" class="size-full wp-image-2137" /><figcaption id="caption-attachment-2137" class="wp-caption-text">Pino Ojeda. Fuente: Canarias7.</figcaption></figure>Aquella fue la última vez que estuve a su lado. <strong>La primera y la última. Pero me bastaron aquellos días para entender muchas cosas de las que ya había leído sobre ella y sobre su obra</strong>. Era alegre, radiante, llena de ironía y con la gracia y la sutileza que sólo se adquiere con los años y la inteligencia. Movía las manos de una forma especial. Sonreía de una manera especial y todo en ella tenía un especial atractivo. Vestía con colores luminosos y llevaba pulseras y pendientes. <strong>Era la misma de los retratos, la misma de las portadas de revistas y documentales que yo había leído. María del Pino Ojeda Quevedo me deslumbró entonces y aún lo hace hoy cuando releo sus andanzas</strong>, sus aventuras literarias, sus empresas en el mundo del arte; cuando hago un recorrido por su vida y entiendo que todo en ella era pura magia, desde su nacimiento en El Palmar de Teror en el municipio de Teror en la isla de Gran Canaria un 17 de agosto de 1916 en un lugar idílico donde Pino pudo disfrutar del contacto con la naturaleza y los animales, hasta llegar al final de su vida que nunca fue tal, pues hoy continuamos a su lado honrándola, escuchándola y aprendiendo de ella. </p>
<p>En esa mágica finca se inicia probablemente su pasión por las ciencias ocultas, la astrología, la parapsicología, el control mental, la grafología, la quiromancia, y todo lo que pudiera ser un intento de adivinación del pasado, el futuro o el presente de la humanidad. <strong>De sus mágicas predicciones se escapó la propia autora. Ella nunca adivinó hasta donde llegaría su obra, su imaginación deslumbrante, su ingenio y su amor por la vida y por las cosas de la vida</strong>. Nunca supo hasta dónde la llevaría una mirada intuitiva, inteligente y sensible hasta la extenuación como era la suya. <strong>Como pintora expuso en Canarias, en la península y en el extranjero</strong> y fue galardonada con dos premios nacionales. Según la opinión de prestigiosos críticos, la obra de Pino Ojeda se considera como de “estilo original, mágica creadora de sueños&#8230;”. Nina Kandinsky definió su obra como de “Suprarrealismo mágico”. <strong>La magia de su arte se extiende de una manera natural sobre todo lo que crea y lo que crea Pino Ojeda a lo hora de hacer literatura es de nuevo pura magia</strong>. Como poeta inicia su andadura con <em>Niebla de sueño</em>, editado en 1947. La muerte de su esposo durante la guerra civil española es el tema con el que arranca su poesía, motor principal de su inspiración. Le seguirán <em>Como el fruto en el árbol</em>, <em>La Piedra sobre la Colina</em>, <em>El Alba en la espalda</em>, títulos que van apareciendo a lo largo de su vida hasta culminar con <em>El salmo del Rocío</em>, que obtuvo el premio mundial “Fernando Rielo “de Poesía Mística. Como novelista nos llega <em>Con el paraíso al fondo</em> y como dramaturga con <em>El río no vuelve atrás</em>. En 1952, en Las Palmas de Gran Canaria, funda y dirige la revista de poesía “Alisio”, una decisión muy importante destinada a crear un vínculo que uniera a toda la poesía española y del mundo entero. </p>
<div style="clear:both"></div>
<h2>Ella es un todo: poesía, narrativa y pintura</h2>
<p><figure id="attachment_2137" aria-describedby="caption-attachment-2137" style="width: 350px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2022/11/Pino-Ojeda2.jpg" alt="pintora Pino Ojeda" width="350" height="370" class="size-full wp-image-2137" /><figcaption id="caption-attachment-2137" class="wp-caption-text">Pino Ojeda. Fuente: Portal de noticias del Gobierno de Canarias.</figcaption></figure><strong>Escribir para ella era algo vital y cuando escribía lo hacía sin concesiones, sin miedo a explicar la verdad de su propio cuerpo, sin ocultar qué era lo que la oprimía o desconcertaba</strong>. En su poesía como en sus novelas nos habla de su infancia, del amor, del mundo que la rodea tal y como ella lo necesitaba. En palabras de Blanca Hernández <em>“el tema del sueño y la búsqueda del amor son dos constantes en la poesía de Pino Ojeda. Una poesía que sugiere y susurra al oído la existencia de un rico mundo interior y que se transforma en una honda reflexión sobre la vida… La singularidad de su propuesta poética estriba en constituir humanos testimonios que valen por los de aquellas mujeres que, por muchos motivos, no llegaron a escribir.”</em> <strong>Ella, lo hizo. Escribió para sí misma</strong><strong>, sobre su propio universo y sobre el universo de todas aquellas mujeres que no pudieron hacerlo. Su obra nos llega para transmitirnos el valor y el poder de la escritura y del arte. </strong></p>
<p>Su obra abarca temas diferentes y diferentes ámbitos. <strong>Escribe poesía con una cierta sombra de melancolía</strong>. Su mundo es el de la nostalgia y con ella los recuerdos se agolpan en cada poema. El amor y la desesperanza están en cada uno de sus versos. Y<strong> si escribe cuentos es capaz de presentarse ante nosotros con una serie de historias que dejan al lector completamente aturdido porque va desde el realismo al surrealismo sin saltarse una coma con la naturalidad más sorprendente</strong>. Sin fisuras, con la franqueza que la caracteriza. Sin miedo a desnudarse y narrarnos lo que lleva dentro y necesita expresar.<strong> No hay concesiones en Pino Ojeda. Escribe como es y por esa razón es capaz de saltar de un mundo a otro y de un argumento a otro con la ligereza que la caracterizaba en los poemarios</strong>. De la alegría, al dolor; de la contemplación a la acción; de los sueños, a la realidad del momento. Sin titubeos, sin concesiones.<strong> Y si hablamos de su faceta como escultora y pintora, tendríamos que detenernos y comenzar de nuevo a intentar explicar de dónde proceden sus lienzos, su forma especial de mirar el mundo y de explicarlo a través de ellos, su capacidad para expresar el mundo que la rodea con tanta fuerza y tanta pasión.</strong></p>
<p><strong>Esa era su magia. La misma que nos consiguió transmitir a través de su obra. </strong>Ella es un todo y no podemos hablar de su poesía y no hablar de su narrativa o de sus pinturas. El tiempo de Pino Ojeda, su mundo especial y distinto, la magia inventada por ella y transmitida en su poesía, en sus cuadros y en todo lo que salió de sus manos y de su corazón, ha llegado a nosotros y ahora podemos celebrarlo como ella merece.</p>
<p><strong>Elsa López<br />
Isla de La Palma. Noviembre 2022</strong></p>
<p>Aquí dejamos la película ‘La habitación del fondo’, un docudrama homenaje a Pino Ojeda. Esta película está dirigida por el nieto de la artista, Domingo Doreste, y recrea la vida de la artista desde su infancia en el barrio de El Palmar.</p>
<p><iframe loading="lazy" width="100%" height="630" src="https://www.youtube.com/embed/e7EpL_gyox8" title="YouTube video player" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p>La entrada <a href="https://mujerescanarias.com/pino-ojeda-artista-canaria/">Pino Ojeda, decana de la poesía canaria</a> se publicó primero en <a href="https://mujerescanarias.com">Mujeres Canarias</a>.</p>
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