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	<title>Andrea Abreu, autora en Mujeres Canarias</title>
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	<title>Andrea Abreu, autora en Mujeres Canarias</title>
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		<title>Michelle Alonso, la gran nadadora canaria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrea Abreu]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Oct 2021 11:58:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<h2>Natación contra el dolor de espalda</h2>
<p>Todo empezó como empiezan las mejores historias: por casualidad. Michelle Alonso tenía siete años y, en una consulta con su médico de cabecera, el doctor le recomendó anotarse a clases de natación para corregir algunos problemas de espalda. Al principio no le gustaba lo que estaba haciendo, pero rápido se convirtió en una de las mejores de la clase y, sin duda, la mejor en braza. Aquellos primeros años en los que ya despuntaba entre sus compañeras, Michelle Alonso seguramente vivió la natación como el resto de niñas que, de una manera u otra, se veían obligadas a meterse en el agua, en teoría climatizada, de la piscina municipal: también ella pasaría largas horas muertas esperando en una cola interminable para botarse de cabeza con los brazos juntos y las rodillas encogidas. También clavaría las uñas en las tablas de corchopan azul hasta dejar marcas minúsculas e imborrables en las esquinas. También haría cincuenta respiraciones agarrada al borde de la piscina, toda comida por la desgana y el aburrimiento. También suspiraría aliviada al tocar la corchera con la punta de los dedos después de hacer la última piscina a crol de la tarde, la última justo antes de salir a enrollarse en la toalla y la última antes de comerse la merienda rica que tendría guardada en la maleta. También, como las otras niñas, sentiría el picor dentro del gorro apretadisímo y los surcos en la piel de los párpados formándose por acción de las gafas, el calor de la ropa sobre la piel húmeda dentro del vapor de los vestuarios. Pero lo que Michelle Alonso experimentó, y que el resto de sus compañeras no vivió durante aquellos años, fue el hecho de ser discapacitada por la sociedad. En aquellas clases en las que Alonso aprendió cómo colocar los brazos y las piernas en el agua, el capacitismo de sus compañeras fue tan fuerte que casi hizo que la nadadora abandonara para siempre ese deporte con el que se convirtió en campeona paralímpica. </p>
<p>“Me costaba relacionarme con los demás, tengo problemas de comunicación y me daba miedo que no me aceptasen como soy. En la Agrupación Deportiva Santa Cruz, las niñas no me trataban bien, se reían de mí. Siempre salía la última de la piscina y la primera de los vestuarios para evitarlas. Así que decidí marcharme porque no me gustaba el ambiente”, explica Michelle en la publicación Mujeres canarias deportistas de la página web oficial del Gobierno de Canarias. Entonces fue cuando su madre decidió buscar otro club para Alonso. En 2009, con quince años de edad, la deportista abandonó su anterior club para unirse a la agrupación santacrucera Ademi Tenerife. Allí conoció a José Luis Guadalupe, Guada, el entrenador que supo ver el potencial competitivo de Alonso y quien la acompañó durante su preparación para sus dos grandes éxitos en los Juegos Paralímpicos. Cuenta Michelle, en la misma publicación del Gobierno de Canarias, que cuando su entrenador la vio nadar por primera vez se quedó con la boca abierta. Durante mucho tiempo, Guadalupe fue uno de sus grandes motivadores. En 2018, el técnico abandonó el equipo, después de veintitrés años de trabajo y el mérito de haber entrenado a la gran Michelle Alonso.</p>
<h2>Medallas que hacen música</h2>
<p>En el cuarto de Michelle Alonso hay colgadas más de 130 medallas que emiten una música metálica si la nadadora pasa la mano rápido por encima de ellas. La música se puede escuchar en un programa que le dedica el espacio televisivo Noveleros. De esas más de 130 medallas, tres brillan con especial intensidad. Se trata de los tres oros que obtuvo en los Juegos Paralímpicos de Verano y que la han convertido en la gran deportista que es hoy en día. El primero lo obtuvo, con mucho esfuerzo y dedicación, en los Juegos Paralímpicos de Londres en el año 2012, dentro de la modalidad de 100 metros braza SB14. «Cuando llegué a la pared vi la luz que decía que era la primera y me emocioné. Me puse a saltar», explica Michelle Alonso en una entrevista del año 2016 para el diario Marca, en la que recuerda aquella primera vez como competidora paralímpica. La otra, en los Juegos de Río de Janeiro de 2016, en la misma modalidad. Además, Michelle Alonso posee la mejor marca mundial de su categoría, con un tiempo de 1’12&#8243;62. Esta marca la obtuvo en Río de Janeiro y con ella logró superar el récord mundial que ella misma había establecido en los Juegos de Londres de 2012, cuando solo tenía veintidós años. Pero en 2021 vuelve a marcar un nuevo récord, fue en los Juegos de Tokio 2020 donde ganó su tercer oro. </p>
<h2>La sirenita canaria</h2>
<p>Entre el resto de medallas que cuelgan de la pared de Alonso, destacan doce que obtuvo en competiciones europeas y mundiales y otra que le ha supuesto cumplir uno de sus mayores sueños: la medalla de oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, que le concedió el Consejo Superior de Deportes en el año 2013. Justo cuando le dieron ese galardón, tuvo la oportunidad de conocer a Mireia Belmonte. A raíz de ese encuentro, nació el nombrete con el que, hoy en día, se la conoce. “A Mireia Belmonte la llaman la sirena, pues yo soy la sirenita”, comenta en el programa de Noveleros.</p>
<p>Su película favorita, además, ha sido siempre La Sirenita y su conexión con el agua es muy profunda. Justo enfrente de la pared de las medallas de su cuarto, se sitúa una cama repleta de muñecos y peluches que destacan por su relación con lo acuático. Llaman la atención dos sirenas que Michelle Alonso abraza con fuerza durante el programa de la Televisión Canaria. Como buena niña nacida a mediados de los noventa, también hay un peluche de la película Nemo junto a las dos sirenas. Mientras Alonso abraza a las muñecas en pantalla, comenta: “Lo más que me gusta es el agua, sentirme libre, sentirme yo misma. No sé cómo explicarlo, ¿sabes? Porque me siento como una sirena. Además, los compañeros son muy amables conmigo y me hacen reír todos los días y yo intento también que ellos sonrían. Siempre estoy alegre”. </p>
<p>Una de las cosas que más agradece la nadadora de sus últimos años en el deporte profesional es la posibilidad de haber conocido mundo. Alonso proviene de una familia humilde y admite que si no hubiese alcanzado los logros que posee no hubiese viajado nunca. A pesar de que le guste moverse de país en país siente un fuerte arraigo por su tierra. Cada vez que compite, se pinta la bandera de Canarias en las uñas para acordarse de las personas a las que quiere y que están lejos. Su madre está muy orgullosa y contenta de que tenga una beca para dedicarse a la natación. Cuando ganó el oro en Londres, Alonso alzó su gorro blanco por encima del agua y levantó el puño con fuerza delante del mundo entero. Su familia no se lo podía creer, era Michelle, esa niña que empezó a nadar por recomendación médica.</p>
<h2>Una sirena de dibujo, una sirena de carne y hueso</h2>
<p>Actualmente Alonso forma parte del club deportivo Midayu Tenerife junto con los que se preparó para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Ya en Río de Janeiro 2016, la deportista canaria tuvo el honor de ser una de las abanderadas españolas. En estos últimos juegos repitió la hazaña de agarrar la bandera durante la Ceremonia Inaugural del 24 de agosto. En esta ocasión, la acompañó el ciclista Ricardo Ten y se trató de la primera vez en la que desfiló una pareja de abanderados por España compuesta de un hombre y una mujer. El motivo por el que fueron seleccionados es que, según la institución, ambos representan de manera ejemplar los valores paralímpicos.</p>
<p>Ahora, además, la nadadora de carne y hueso va a tener algo más en común con la sirenita de dibujo. También Michelle Alonso va a aparecer en la gran pantalla. Según una publicación del periódico El Día de principios del mes de agosto de este año, la campeona paralímpica va a protagonizar un híbrido entre largometraje y documental, que mezcla realidad y fantasía, sobre su figura como nadadora. El trabajo correrá a cargo de la productora tinerfeña de cine independiente La Cara A. Tokio S.14, dirigida por Alba Calani, podría estar lista para finales de 2022.</p>
<h2>Otros artículos de Andrea Abreu</h2>
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		<title>Aida González Rossi: escribir jugando a los Pokémon</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/aida-gonzalez-rossi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Andrea Abreu]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Aug 2021 15:24:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/aida-gonzalez-rossi/" title="Aida González Rossi: escribir jugando a los Pokémon" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Aida Gonzalez Rossi por Andrea Abreu" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/08/Aida-Gonzalez-Rossi-por-Andrea-Abreu-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>Una conversación de guasap con una de las mejores escritoras en español de la actualidad: Aida González Rossi .</p>
<h2>Una adolescencia online</h2>
<p>Me levanto pensando en ella y en cómo voy a empezar a escribir este texto. Es muy difícil contar la genialidad de una persona a la que conoces tanto, es más bien una picada en el pecho, un estampido, no le valen palabras. ¿Saben a lo que me refiero? Esa sensación de tener la suerte de advertir al menos un fisquito de océano por el bujerito del ojo de pez. Es imposible escribir todos los pescaditos, todas las algas, todas las piedras desde dentro del submarino. Enciendo el móvil y le doy los buenos días. En cuanto tengas un ratito, me respondes a unas cositas de la manera que mejor te venga, le digo. Lo tengo claro, lo primero de lo que quiero hablar es la adolescencia.</p>
<p>Aida González Rossi (Tenerife, 1995) vivió una adolescencia online. Una adolescencia temblando por los zumbidos del Messenger, derretida en un pueblo de zarzas y matos secos en las esquinas de las calles. Una adolescencia como una máquina de teletransporte, surcada por la ilusión de vivir más allá del cuerpo, de incluso abandonar el cuerpo y la posición geográfica a través de la pantalla. Esa adolescencia es la que vivieron muchas adolescentes a principios de los años 2000. En su caso: en el pueblo tinerfeño de Granadilla. Y fue precisamente de allí, de esa adolescencia subida al cochito chocón de la red, de donde salió rajando el suelo una escritura única. Fue ahí, en ese momento y a través de las manos al teclear, que se gestó un cuerpo acostumbrado a la escritura.</p>
<p>Andrea: Quería que me hablaras un poquito de tu adolescencia en Granadilla y de tus comienzos con los libros y la escritura.</p>
<p>Aida: Cuando era adolescente, como mucha gente de nuestra generación, estaba enganchadísima a Internet. Había descubierto ahí una puerta de entrada a cosas que solo podía ver desde mi periferia; estos años, reflexionando sobre ello, he descubierto que, aunque pensaba que ya no las veía desde esa periferia, sí que lo hacía: Internet era una puerta de mentira, más bien una ventana que me hacía tener que integrar todo lo que me parecía lejano en lo que tenía más cerca. Es decir, la creencia de que podía mirar hacia fuera me hacía tener que mirar más hacia dentro… </p>
<p>Y es esa etapa de su vida una liña de tender la ropa que sostiene cada una de sus obras: su cuento “Casas, desiertos o bosques”, ganador del XX Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve de la ULL; el libro en formato de fanzine <em>Deseo y la tierra</em> (Cartonera Island, 2018); su último trabajo publicado, <em>Pueblo yo</em> (Libero, 2020), uno de los poemarios mejor considerados, dentro y fuera del archipiélago, durante ese año; así como la novela que está escribiendo en la actualidad. Cada uno de esos textos comparte con el resto una línea de indagación sobre y desde el cuerpo y el deseo de una no-niña clavada a un pueblo.</p>
<p>Aida: Creo que esa es la idea que más me interesa ahora mismo al hablar sobre mi adolescencia, porque, precisamente, esa necesidad de integrar referencias externas en un marco en el que parecían no caber es lo que, con el tiempo, me ha hecho entender mi identidad y mi peculiaridad como persona que habita la periferia. De adolescente, yo no leía. Sí escribía. Y empecé a escribir porque tenía que explicarles mi contorno y mi contexto a las personas con las que hablaba por Internet. Eso me hizo desarrollar una especie de “yo escrito”, “yo discursivo”, que después fui convirtiendo en mi voz poética. Creo que toda mi escritura viene de la adolescencia.</p>
<p>Después de esa larga adolescencia en la que su exclusivo estilo como escritora empezó a reventar, Aida González Rossi se formó como periodista en la Universidad de La Laguna, donde la conocí. Continuó su formación en el Máster Universitario en Estudios de Género y Políticas de Igualdad de la ULL. Sus primeros encuentros con la profesión periodística fueron a través de la radio, en los espacios radiofónicos <em>Recovecos y Poetas en Serie (PenS)</em> , como guionista en <em>La Calle Habla</em> y, como directora y presentadora, en el programa musical <em>El Rompeolas</em>. Desde que empezó a publicar, su obra ha aparecido en selecciones de poetas jóvenes a nivel insular (<em>Generación Red: 13 rostros muy muy jóvenes de la literatura canaria</em>, de Dragaria) y, también, nacional (<em>25 poetas menores de 25 años</em>, de Playground). La obra de esta escritora canaria crece y crece entre dos escritorios: el de su piso en La Laguna y el de toda su vida, el de su cuarto en Granadilla, al que vuelve todas las semanas.</p>
<h2>La mirada clavada en el pueblo</h2>
<p>En las tardes de merendero en Granadilla, Aida González Rossi iba a beber con las amigas del pueblo. Nunca llevaban cuchillo y, cuando querían cortar el bizcochón o los limones para preparar las bebidas siempre lo hacían con las llaves de la casa. Me escribe que ese es su cometido en la literatura: cortar limones con las llaves. Y yo pienso: convertir lo absurdo en necesario, recuperar la belleza de lo improductivo.</p>
<p>Aida: Me interesa mucho todo lo que tiene que ver con lo salvaje, con esa dimensión de la infancia y la adolescencia en que lo asqueroso no es lo que da asco, en la que el asco es, precisamente, una fuerza que necesitamos explorar.</p>
<p>Y en esa mirada poética sobre lo abyecto, en esa especie de oda a lo periférico, a lo marginal, lo estúpido, a lo simplemente olvidado o negado, que es la obra de Aida González Rossi, el lugar es importante. Para ella, haber nacido en un pueblo interior del sur de Tenerife no es un hecho anecdótico, una cosa cualquiera. Cuando descubrió que había un lugar en la literatura para la gente y los paisajes de su pueblo, vivió un entusiasmo que no tenía ya que ver con el descubrimiento de que su experiencia era válida, sino con la certeza de que todavía esa experiencia no había sido contada, de que no existía en las ficciones, de que no había sido representada de ninguna forma y eso le abría un mundo de posibilidades. Más allá de todo lo que aprieta pertenecer a la periferia, para Aida González Rossi esta revelación supuso el privilegio de poder jugar con la representación, de inventar formas diversas de contar, de construir una nueva mirada poética a través del tacto con las areperas y las plazas, los pinos y las mesas de los merenderos.</p>
<p>Andrea: ¿En qué medida crees que ha influido ser de un pueblo como Granadilla en tu visión del mundo y la literatura?</p>
<p>Aida: Yo creo que el lugar en el que creces siempre te marca. Herta Müller dijo en una entrevista que el paisaje de tu infancia es el paisaje desde (y a través de) el que mirarás todos los lugares que veas en la vida. Pienso que, en mi caso, ser de un pueblo de las Islas me ha ayudado a ser osada; es paradójico, pero sentir que fuera de mi contexto no me entienden me ayuda a que me dé igual que no me entiendan, y eso es lo que me ayuda a hacerme entender. Yo me alegro de ser periférica. Porque eso me obliga a explorar mi particularidad. </p>
<h2>La escritura como una partida de Pokémon</h2>
<p>La experimentación en la obra de Aida González Rossi va más allá del lenguaje (tensionado, elástico, a veces roto e incómodo, y siempre atento al ritmo). Parte del concepto de género literario. Los textos de esta autora suelen ser híbridos, pues los compartimentos en los que se suelen encasillar los textos atienden más a sus posibilidades que a sus límites. Su aprendizaje en el campo de la poesía le permitió entender que era posible experimentar más allá de los poemas. Sus textos son inclasificables, a pesar de que haya quienes los hayan nombrado como poesía en prosa o prosa poética.</p>
<p>Aida: Me interesa la idea del texto como juguete: cada uno pide un género y unas características formales y cierto nivel de exploración y ruptura. No siento que me interesen unos géneros más que otros: me interesa escribir textos. Para mí la experimentación formal siempre ha tenido mucha importancia, y en realidad empezó a tenerla cuando empecé a querer escribir y me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo escribir un poema. Me inventé cómo escribirlo (como una se inventa las normas del parchís cuando aún no las sabe) antes de aprender lo que era un poema; y siempre respeté mi forma de hacer las cosas, no la reaprendí sino que intenté pulirla. Me pasa lo mismo en narrativa: me gusta intentar pulir el primer impulso, intentar acercarme a mi propia voz sin juzgarla como mala sino generando artificios que la hagan comunicable. Como te decía antes, me interesa el juego, y escribo porque me divierte experimentar, buscar cosas. Me interesa mucho la idea de “jarrapada”, de “burrada”, no quiero establecer límites en lo que le gusta a mi “yo escritora” y a mi “yo persona”, y creo que esa intención de no separar lo privado y lo público me ha ayudado a entrar en terrenos poéticos que, antes de descubrir a ciertas autoras y de meterme en el feminismo, habría entendido como inconcebibles.</p>
<p>Andrea: ¿Cómo definirías tu propuesta estilística?</p>
<p>Aida: Pues la definiría como salvaje, creo. Últimamente me interesa un montón esa idea. Y como corporal, porque cada vez me interesa más la “ambientación corporal”, introducir a quien lee en el cuerpo que narra o poetiza. Diría eso, que mi escritura es salvaje o corporal. También me interesa utilizar referencias que no sean literarias: la cultura emo de los 2000, el pop, los videojuegos… Me encanta plantearme la escritura como una partida de Pokémon.</p>
<h2>Una isla que atraviesa un cuerpo</h2>
<p>El cuerpo, la adolescencia, el deseo, lo salvaje, la suciedad, la amistad, el juego y la identidad, dice Aida González Rossi que cree que son los temas más repetidos en sus textos. También la representación de los cuerpos gordos, que es el asunto al que más pensamientos dedica hoy en día. Dice que no sería capaz de ponerse en la perspectiva de un personaje que no fuese gordo y que ese hecho no representa para ella un obstáculo: significa que hay cosas que debe contar.</p>
<p>Andrea: Dentro del asunto de las temáticas, ¿qué lugar ocupa lo isleño dentro de tu obra?</p>
<p>Aida: Pues creo que ser isleña y, en particular, ser canaria es algo que me atraviesa como persona. También como persona que escribe, entonces. Decía que no me concebía poniéndome en la perspectiva de un personaje que no sea gordo: tampoco me concibo escribiendo desde un personaje que no sea canario. Esa es mi voz y mi forma de pensar y de habitarme, y mi escritura está plagada de cuestiones que tienen que ver con lo dialectal (no solo el uso de palabras del dialecto canario, sino también cuestiones de ritmo y de textura del lenguaje). Si no fuera canaria, escribiría de forma totalmente distinta, estoy completamente segura. En cuanto a temáticas, me interesa mucho la representación de la experiencia de crecer en el sur de Tenerife, por lo periférico dentro de la propia periferia y por la convivencia con lo turístico.</p>
<h2>Todas las escritoras que son Aida González Rossi</h2>
<p>El gusto por los géneros difusos y la noción de juego en la escritura son también un elemento común en sus lecturas preferidas. Dice que adora la propuesta narrativa de Delphine de Vigan. Lee y lee todo el tiempo a Amélie Nothomb. Le obsesionan las obras autoficcionales y todo lo que tiene que ver con lo autobiográfico.</p>
<p>Aida: Elena Ferrante, por ejemplo, me apasiona, porque utiliza todas las herramientas de la autobiografía femenina sin escribir autobiografía como tal, solamente colocando a sus personajes en la posición de “alguien que escribe sobre sí misma”. Me suelen interesar las novelas que trastocan esas cosas o que juegan con esas cosas. A nivel estilístico también me siento muy atraída por Herta Müller, por ejemplo. En cuanto a referentes canarios, Natalia Sosa, por eso que decía de las autobiografías que no son autobiografías al uso, es una de mis grandes referencias; también Nivaria Tejera, Olga Rivero Jordán, Tina Suárez, Pilar Lojendio y tú, por ejemplo, por decir algunos nombres.</p>
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		<title>Izaskun Legarza y la Librería de Mujeres de Canarias: Lana o libros</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/izaskun-legarza-libreria-de-mujeres-de-canarias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Andrea Abreu]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Jul 2021 09:34:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<h2>La Librería de Mujeres de Canarias</h2>
<p>Es un día de nubes bajas y calor aplastante en Santa Cruz de Tenerife. Una presión violenta se agarra del aire, como el anuncio de una tormenta tropical que todavía no estalla. La calle Sabino Berthelot está casi vacía. Algunos funcionarios toman el fisquito de café de la media mañana, repartidores con gorra roja jalan carretillas de un lado al otro. En el número 42 hay una puerta abierta. Una perra sata sale del negocio y forma un tremendo aspaviento. Es una perra bien vestida, o, más bien, con una desnudez bien adornada: lazo azul cielo y calcetines naturalmente blancos en las patas de alante, una chapa de metal que dice Leia. Es un animalito independiente, de esos que cruzan el paso de peatones y entran en los bares para que les den un codito de pan duro.</p>
<p>Después de ladrar un rato con la cabeza levantada al aire, vuelve a entrar en la librería. Por aquí anda Izaskun, parece que dice. Izaskun Legarza Negrín está sentada delante de una tonga de libros nuevos. Un poco más allá, alante de unas cajas de cartón con más libros, María José Legarza Negrín, Mase. Las dos mujeres que colocan libros en las estanterías son hermanas. Tienen mucho parecido. Tienden a confundirlas. Las dos tienen el pelo corto, canento, casi blanco. Ambas son las responsables de una de las librerías más reconocidas de las islas: la Librería de Mujeres de Canarias, un establecimiento que abrió hace once años.</p>
<p>— A ver… ¿por qué cambié? Yo cambié porque estaba quemadísima. Llevaba dieciocho años dando clase. Me encantaba dar clase —me sigue encantando—, pero se me juntaron un montón de condiciones personales. Entre otras cosas, descubrí el feminismo. Yo siempre fui una triunfadora en los estudios, siempre me fue bien. En el trabajo me sentía considerada. Tenía esa idea que, por desgracia, muchas mujeres siguen teniendo: que todo era una cuestión de esfuerzo personal, que para situarte al nivel de los tíos solo tenías que hacer un esfuerzo mayor que el resto, pero que, una vez lo hacías, ya se terminaba la discriminación. Durante todos esos años me fui dando cuenta de que la discriminación era mucha.</p>
<h2>Izaskun Legarza Negrín</h2>
<p>Izaskun habla mientras sostiene algunos libros en las manos. Viste con ropa vaporosa, fresquita. Es una mujer desinquieta, habladora. Parece que la ropa que lleva puesta siempre está hecha a medida para ella; para moverse y hablar y recomendar libros con mucha precisión. Nació el 18 de mayo de 1963, en El Toscal, Santa Cruz de Tenerife. Estudió Geografía e Historia y se dedicó al magisterio casi toda su vida. Después de muchos años en el sistema educativo, se cansó. Abrió la librería y, a los dos años, se incorporó su hermana.</p>
<p>—Desde el primer año en el colegio, me empezaron a llegar comentarios de las familias respecto a mi forma de vestir. La consideraban inadecuada para la enseñanza. Yo tenía veintinueve años y un físico estándar. Me vestía como me daba la gana, obviamente. Luego, empezaron los comentarios desde dentro del centro, de parte de la dirección. El trato era muy desigual. Éramos casi todas maestras, mujeres. Los comentarios siempre los hacían con la excusa del cachondeíto cariñoso: mira cómo vas vestida; el culo que tienes; el pelado que te echaste, que pareces una putita francesa. Se suponía que era un ambiente de izquierdas, pero esas cosas estaban a la orden del día. Acababa de tener a mis dos hijos seguidos y supongo que tenía la depresión posparto pertinente. Justo en ese momento, echaron a un compañero al que aprecio mucho, me dio el arrebato y me fui. La gente siempre piensa que lo hice por los niños, por los adolescentes, pero no. Yo siempre especifico que me fui por la realidad de los adultos y las adultas, por esas estructuras establecidas.</p>
<h2>¿Una tienda de lanas o una librería?</h2>
<p>Izaskun abandonó su profesión de maestra con el apoyo de su hermana Mase y de su pareja de por aquel entonces. Cuando lo hizo, tuvo dos certezas: la primera, que solo tenía dos años de paro y dos hijos, ninguna casa, ningún coche, muy poco en la vida; la segunda, que no sabía hacer demasiadas cosas. Solo era habilidosa en dar clase y leer. De la primera opción ya había descubierto la cara más desagradable, de la otra no se desprendían muchas opciones. A lo mejor bibliotecaria o algo que tuviese que ver con los libros. Siguió pensando. Se acordó de que la madre siempre había soñado con tener una tienda de lanas o una librería. Seguramente Izaskun se imaginó delante de en un mostrador entregando el ovillo de lana turquesa a esa clienta que le quería hacer una bufanda a la prima segunda malita de artrosis. Solo de pensar en la posibilidad se le erizaron los pelos de la espalda. Estaba claro que tenía que ser una librería; pero, ¿cómo?</p>
<p>—Yo creía que la zona Santa Cruz-La Laguna ya estaba cubierta de librerías generalistas. Me dije que tenía que ser una librería especializada. Estuvimos dándole vueltas a una infantil, pero ya había. En aquel momento yo estaba muy preocupada por el asunto de la discriminación hacia las mujeres y pensé en la Librería de Mujeres de Madrid. Pensé que era un espacio que siempre me ha gustado. Cuando se lo planteé a ellas me dijeron que estaba como una cabra, pero eso ya yo lo sabía. Me dijeron que hacerlo sola iba a ser imposible, pero una de ellas me animó: Elena, una de las libreras que ya murió. Me decía tú eres una chica lista, tú vas a poder. Y, bueno, entonces decidí coger los meses de paro que tenía, usar ese dinero y alquilar el local. Dijimos venga, palante, y aquí estamos.</p>
<p>Leia está echada sobre el sillón al lado de la puerta. Las patas le cuelgan en el aire, respira tranquila. Una mujer revisa la sección de ensayo y agarra un libro de bell hooks. Mase la acecha desde una esquina. Las paredes están atestibando de libros, hasta los topes. Cada estantería tiene el cupo cubierto y muchas veces lo excede. Hay mesas y mesas y cajas y más cajas y rincones con todavía más libros que no encuentran espacio en las estanterías. Todos ellos son títulos firmados por mujeres escritoras. Son tantos que, dentro de la librería, fluye una sensación de que se podría morir por escachamiento. En todo caso, se trataría de una muerte dulcita, como de asfixia por culpa de una tonga de conejitos peludos. Pero no siempre fue de la misma manera. Hubo un momento en el que la librería tuvo más bien pocos libros.</p>
<p>La inauguraron el 6 de julio de 2010, en víspera de San Fermín. Habían pasado unos dos años desde el estallido de la crisis de 2008. Aquel día, tan solo 2000 euros en libros ocupaban las estanterías. Todos colocados con la portada mirando al frente, ninguno de canto. Las libreras de Madrid le recomendaron a Izaskun que lo hiciera así para disimular la escasez de ejemplares. En la puerta del negocio aparecieron más de doscientas personas e Izaskun se quedó sorprendida. Los nervios le tensaban el cuerpo. No sabía de dónde había salido tanta gente. Un amigo de ella, pamplonés, botó un chupinazo que hizo que saltaran todas las alarmas de los coches de la calle Sabino Berthelot. Era un auténtico tenderete. La alegría, casi una piedrita brillante que se podía agarrar con las manos, pero los augurios para la librería no eran demasiado buenos.</p>
<p>—Me asustaron. Me dijeron que si no tenía experiencia en la gestión de librerías no iba a saber cómo elegir yo los libros de las autoras, porque eso no venía en ningún catálogo. Era verdad y eso sigue siendo un error. En las fichas puedes encontrar autores por nacionalidad o generación, pero no por género. Aún hoy, muchas veces, las fichas siguen usando el genérico “escritor” también para las autoras. Muchos distribuidores cuestionaron mi capacidad para seleccionar solo a las autoras, me dijeron qué cómo lo iba a conseguir. Yo les dije que leyendo, que eso sí sabía hacerlo bien. Me daban un año de vida como máximo, me decían compra los libros e inténtalo, pero el fracaso ya está cantado.</p>
<h2>Izaskun Legarza y sus libros, amistades y nuevas autoras</h2>
<p>—Si tuvieras que hacer un balance de todos estos años, ¿qué dirías?</p>
<p>—Depende del día. Casi siempre, cuando me levanto, estoy fatal, y media hora después del café ya me siento como “sí se puede”. Creo que cada día diría una cosa distinta. Una vez una exalumna me dijo: Si te planteases cerrar la librería no pasaría nada, ya hiciste la labor que hacía falta. La librería ya queda como un hito de Santa Cruz. Yo realmente creo que hemos reactivado la cultura de la isla y, además, hemos hecho muchas amigas. Yo abrí con casi cincuenta años la librería y los psicólogos y las psicólogas siempre te dicen que las amistades se forjan en la infancia y en la adolescencia, pero yo he hecho muchas amistades desde entonces. Tan solo eso, mi vida como feminista rodeada de amigas, ya me vale. Después, la propia librería me ha hecho conocer a un montón de autoras nuevas. Y, a nivel personal y familiar, ha sido muy positivo. Aunque sea una persona depresiva, hoy, incluso antes del café, yo haría una valoración buena.</p>
<p>—¿Alguna vez pensaste que de verdad iban a tener que cerrar?</p>
<p>Sí, me lo he planteado varias veces y el último año muchas, porque es verdad que económicamente no es del todo sostenible. Son cinco personas viviendo de una librería: yo, mis dos hijos, Mase y su hija. Muchas veces miro las cuentas y pienso: No, esto hay que cerrarlo porque no da. Entonces veo en la pantalla del ordenador la opción del crédito y digo: ¡PUM, 15.000 euros! Cierro los ojos y, claro, eso hace que cada mes tengamos que pagar más, pero a la vez vamos tirando. Este año recibimos por primera vez una ayuda del Ministerio de Cultura, para hacer la página web, que va a salir dentro de poco. A veces me pongo límites. Pienso: Si llegamos a esta fecha y no se ha estabilizado la balanza de pagos, como dicen los economistas, lo ideal es cerrarlo. Pero yo, en el fondo, no me veo cerrando la librería.</p>
<p>—¿La profesión de librera te gusta? ¿Piensas que está idealizada?</p>
<p>Yo misma la tengo idealizada, si le quito la parte romántica es horrible. Hay dos vertientes que tienes que compatibilizar y yo llevo muy mal una de ellas. La librería es un negocio. Hay que mantener las cuentas al día, pagar tus impuestos, hacer los pedidos en función de la lógica de las ventas… Esa parte yo la llevo fatal, soy muy mala vendedora, lo reconozco. Hay un problema de base: yo soy anticapitalista, este sistema me parece una porquería deshumanizante; entonces, algo tan…—no voy a decir sagrado porque también soy atea—, algo tan bello e importante como la lectura convertido en una transacción económica me cuesta.</p>
<p>El chiquito ladrido de Leia avisa de que alguien cruza la puerta. Son una madre y la hija. La niña, que tiene el pelo estofado y largo, se acerca a la perra. “A Leia no le gusta que la estén molestando”, le dice la madre. Después de anunciar la llegada de las nuevas visitantes, la perra vuelve a echarse en su puesto del sillón de la entrada. Se deja dormir tranquila, como quien llega a casa después de una tremenda jornada de trabajo.</p>
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		<title>K-narias: las pioneras del reggaeton isleño</title>
		<link>https://mujerescanarias.com/k-narias-las-pioneras-del-reggaeton-isleno/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrea Abreu]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Jun 2021 10:15:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p style="font-size:18px">El año en el que Gara y Loida aparecieron en la tele, mi amiga S. y yo decidimos que queríamos ser gemelas. Por aquellos tiempos ya todas las niñas teníamos grabada a fuego la imagen de varias parejas de niñas famosas tan iguales como dos gotas de agua: estaban las hermanas Olsen o Lindsay Lohan haciéndose pasar por dos versiones idénticas de sí misma en Juego de gemelas. Todas ellas eran interpretaciones occidentalistas, suavitas y algo pícaras —pero no mucho—, de lo que suponía tener adosada a una personita con los mismos moños y el mismo peto vaquero y la misma sonrisa de dientes separados que tú. Hasta 2005, ser gemela nos parecía una experiencia llamativa, pero, de ningún modo, realizable. Hasta que llegaron ellas: K-Narias. Nada más verlas, supimos que para la próxima Escala Hi-Fi del barrio, S. y yo íbamos a metamorfosearnos en hermanas clavaditas.</p>
<p style="font-size:18px">En los descansos de las noticias de Televisión Canaria, empezó a repetirse esa escena que nos obsesionaba: dos chicas canarias tiznadas de grasa de los coches, vestidas de mecánicas y cantando:</p>
<p><em></p>
<p style="font-size:18px">boriqua (¡ha!) morena (¡ha!) dominicano (¡ha!) colombiano (¡ha!)<br />
boriqua (¡ha!) morena (¡ha!) cubano (¡ha!) mexicano (¡ha!)<br />
oye mi canto</p>
<p></em></p>
<p style="font-size:18px">Eran Gara y Loida Hernández Rubio, dos gemelas de 20 años, nacidas en Tenerife, el 12 de enero del año 1985. Para nosotras, estas mujeres supusieron dos grandes descubrimientos: el primero, se puede ser gemela y cantante; el segundo y más relevante a largo plazo, se puede ser mujer (canaria) y cantante de reguetón. El primero era un espejismo: mi amiga S. y yo podíamos ponernos la misma visera y el mismo culotte blanco, pero seguiríamos siendo hijas de distinta madre. La gente no nos iba a confundir por el hecho de llevar el mismo peinado. El segundo tiene consecuencias que se extienden hasta nuestros días: K-Narias fueron las pioneras. Abrieron esa puerta difícil de abrir para todas las otras.</p>
<h2>Las primeras del reguetón</h2>
<p style="font-size:18px">Como es obvio, S. y yo desconocíamos la importancia que las hermanas Hernández Rubio iban a tener en la historia de la música urbana en Canarias y en el resto del mundo. Para prepararnos la actuación, vimos y vimos el mismo videoclip de aquel primer éxito chatarrero de K-Narias —Oye mi canto—, pero sabíamos muy poco o prácticamente nada de los orígenes de esas dos artistas que nos deslumbraban.</p>
<p style="font-size:18px">No es casual que el fenómeno de K-Narias se gestara en las islas. Cuando apareció el primer álbum, hacía muy poco que el reguetón había aterrizado en el archipiélago. Se trataba de un territorio que congregaba una serie de características histórico-culturales que, con posterioridad, iban a hacerlo funcionar como puerta de entrada a Europa del reguetón. Como explica Aïda Comprubí en un capítulo titulado Y dime qué pasó, el ritmo se prendió del libro Making Flu$, Canarias se convirtió en el nexo perfecto entre el Caribe y sus diásporas al otro lado del océano. “Entre estas intersecciones se ubican los orígenes del reguetón: un entretenido laberinto de migraciones, intercambios culturales e historias compartidas que contradicen todas las narrativas hegemónicas que nos han querido inculcar. La pureza musical no existe [&#8230;]”.</p>
<p style="font-size:18px">Uno de los primeros grandes responsables de la divulgación del reguetón dentro del archipiélago fue Deejay Dario. Lo hizo a través de su espacio radiofónico en Radio Mega Latina, 90 minutos con Deejay Dario. Gracias a él y a muchos otros amantes del nuevo sonido, a principios de la década de los 2000, a la comunidad isleña le estaba empezando a sonar familiar ese beet que bebía de géneros como el dembow o el hip hop. Los nombres de Daddy Yankee, Don Omar o Lorna ya se escuchaban en las fiestas y en las calles, pero no había nadie a este lado del mundo haciendo reguetón. K-Narias fueron las primeras en lanzarse. Aparecieron como de la nada y mi amiga S. y yo, como casi toda la gente que nos rodeaba, nos quedamos con los ojos como chernes delante de la imagen de la tele. Pero nadie sale del vacío: había una historia detrás del gran éxito de esas gemelas.</p>
<h2>Guitarras usadas, Don Omar y tuning</h2>
<p style="font-size:18px">S. y yo teníamos apenas cinco años cuando tuvo lugar el primer debut como cantantes de K-Narias. Fue en una tienda de Cash Converters de Santa Cruz de Tenerife, y el hecho de que se diese en una tienda de objetos usados resulta muy simbólico: ambas provenían de un barrio humilde, —Añaza—, y sus padres no tenían grandes recursos para comprarles instrumentos nuevos.</p>
<p style="font-size:18px">En los albores del siglo XXI, las afirmaciones clasistas sobre Añaza abundaban —aún hoy lo hacen—. En una <a href="https://www.eldia.es/cultura/2019/05/10/k-narias-juzgaron-anaza-orgullo-22635030.html" rel="noopener" target="_blank">entrevista de 2019 para El Día</a>, las hermanas Hernández Rubio cuentan que en un principio les resultaba conflictivo hablar de su procedencia: “[&#8230;] nos catalogaban como quinquis solo por proceder de allí, pero es un barrio humilde del que han salido muchos artistas”, explica Gara. Tanto era así, que, en la entrevista que aparece en el texto de Comprubí, las artistas explican que algunos promotores pretendían bajarles el caché solo por venir de esa zona de Tenerife. “En su momento no llegamos a renegar del barrio, pero tuvimos que dejar de decir de dónde éramos por los problemas que nos ocasionaba, incluso siendo disco de oro y número uno en ventas en Canarias durante diez años, hasta que dijimos no y que el que quiera querernos que lo haga sabiendo de dónde somos, de Añaza, con orgullo”, continúa.</p>
<p style="font-size:18px">Como cuentan en su perfil de Instagram en una publicación del 16 de junio de 2020, la conexión con la música de Gara y Loida Hernández Rubio comenzó mucho antes de aquel debut en Cash Converters a los quince años. Antes de todo, fue <a href="https://www.canarias7.es/hemeroteca/k-narias_las_gemelas_que_triunfan_con_el_reggaeton-OICSN20842" rel="noopener" target="_blank">el baile</a>. En el colegio no paraban de hacer coreografías y, desde pequeñitas —con unos cinco años—, su padre las apuntó a la Escuela de Danza de Tenerife.</p>
<p style="font-size:18px">Eran fanáticas del grupo Take That y, especialmente, de su componente Robbie Williams. Lo veían sobre el escenario y soñaban con ser ellas las que cantaban y se movían por el espacio cubierto de luces y humo. “Teníamos alrededor de once años [&#8230;] cuando soñábamos con ser cantantes. En aquel entonces veraneábamos en nuestra querida playa El Confital. No subíamos a una montaña que daba justo para los focos del aeropuerto del sur. La montaña fue nuestro primer escenario. Nos imaginábamos que los focos eran de un superpabellón repleto de fans que coreaban nuestras canciones. Y ahí estábamos las dos, con unos cepillos del pelo que utilizábamos como micrófonos. No lo sabíamos, pero estábamos proyectando y atrayendo la realidad de nuestro futuro”, explican en la misma publicación de Instagram. Entre aquellas niñas, que realizaban el simulacro de un espectáculo con un cepillo del pelo como micrófono, y las K-Narias de ahora ha pasado mucho tiempo. En un <a href="https://www.rtve.es/alacarta/audios/canarias-mediodia/entrevista-narias-gara-loida/3331397/" rel="noopener" target="_blank">programa de Canarias Mediodía de 2015</a>, comentan que aún hoy les cuesta entender que han conseguido lo que siempre habían deseado.</p>
<p style="font-size:18px">A los doce años fue cuando empezaron a insistirle a su madre para que les comprase esas primeras guitarras. Comenzaron a asistir a lecciones de guitarra y solfeo. Luego, tuvo lugar ese primer debut en Cash Converters, con una pequeña orquesta, la escuelita que necesitaban para el nuevo mundo de los escenarios. Al año siguiente, con dieciséis, les ofrecieron la posibilidad de empezar a trabajar como gogós en las mejores discotecas de Canarias. Ahí lograron hacerse un hueco como bailarinas profesionales y consiguieron acompañar —en calidad de bailarinas, pero también de coreógrafas— a grandes artistas internacionales que venían al archipiélago, como Paulina Rubio o Carlos Baute, entre tantos otros. A los dieciocho, volvieron a contratarlas en una orquesta tinerfeña de prestigio.</p>
<p style="font-size:18px">Fue a los diecinueve años cuando llegó su gran oportunidad. En 2004, tuvo lugar el festival Reggaetuning en Santa Cruz de Tenerife, un encuentro novedoso que mezclaba la pasión por el tuneo de los coches con el amor por el nuevo género de moda. Don Omar, uno de sus grandes referentes, estaba allí y llegó a sus oídos que las hermanas Hernández Rubio, además de bailar fenomenal, cantaban. Los productores del artista puertorriqueño se fijaron en ellas y decidieron hacerles una prueba en Madrid. Les encantaron. Viajaron a Puerto Rico con la intención de grabar su primer disco: 40 entre las dos. Luny Tunes y Noriega se encargaron de producir el álbum. A finales de noviembre de 2004, Gara y Loida lanzaron uno de los trabajos musicales más vendidos en la historia de Canarias. Ya solo en el primer trimestre de vida, 40 entre las dos vendió cincuenta mil copias en las islas.</p>
<h2>Temazos a tutiplén</h2>
<p style="font-size:18px">40 entre las dos se convirtió en el furor de la época. A finales de ese mismo año, K-Narias actuaron en el Madison Square Garden en Estados Unidos, delante de más de 25.000 personas. Pero este primer disco fue el primer bloque de cemento de la enorme casa que es carrera musical. Al año siguiente, en 2006, llegó el nuevo álbum: Hombres con pañales, que vendió más de 35.000 copias y cuyo título dejó entender lo que querían contar estas mujeres. En 2007, K-N. En 2008, Cuando seas grande lo entenderás. Luego, La trayectoria (2010) o Yes we are (2013), que llegó a más de 10.000 copias vendidas.</p>
<p style="font-size:18px">K-Narias han explorado una amplia diversidad de sonidos que van desde el reguetón o la salsa al latin pop. Nos han dejado grandes temazos que atesoramos como pequeñas estampitas de la Virgen de Candelaria. No te vistas que no vas es nuestro padrenuestro particular y Salsa con reggaeton una especie de himno patrio que cantamos con la boca llena. Cada vez que llegan las fiestas de diciembre, no entonamos villancicos, sino Un pedacito de Navidad. Y siempre guardamos, en algún cuartito de nuestra memoria, grandes canciones como No vale la pena o la reciente Mujeres, su particular manifiesto feminista.</p>
<p style="font-size:18px">Gara y Loida Hernández Rubio participan de nuestra historia como comunidad isleña e intervienen en el concepto actual de canariedad. A parte de eso, y aunque ya tenemos la plena convicción de que hay que ir dejando atrás esa manía de hablar de las mujeres artistas —y deportistas, camioneras, bomberas…— como una excepcionalidad —una costumbre que, más que visibilizar, imposibilita la normalización de la presencia de las mujeres en el espacio público—, es cierto que dos mujeres canarias haciendo reguetón, en aquel momento, fue excepcional. Una rareza hermosa que hizo que muchas niñas creyésemos tanto en nuestras posibilidades, que incluso llegásemos a la convicción de que, no solo podíamos ser cantantes de reguetón, sino que, también, podíamos ser gemelas si nos lo proponíamos con mucha fuerza.</p>
<h2>Porque tú tiempo ya pasó/ Y es que sin ti yo estoy mejor</h2>
<p style="font-size:18px">“Desde el comienzo, con 19 años, tuvimos claro que nuestras canciones no iban a ser lo habitual en reguetón, sino que defendimos un mensaje de igualdad y de respeto”, explica Gara en la entrevista para El Día. “Hombres con pañales respondía a esa posición, sobre todo el tema Dicen lo que les conviene. El reguetón nació en los barrios más humildes para expresarnos libres y sin tapujos, por lo que no nos quejamos de las canciones sensuales, que nos encantan, pero sí de aquellas que no respetan a la mujer y que la colocan en la cocina y planchando. Pero el machismo también se da en el pop, el R&amp;B, el rap, la televisión…”.</p>
<p style="font-size:18px">Una de las cosas que más nos gustaba de K-Narias, a mi amiga S. y a mí, era que podíamos mandar a freír chuchangos a los hombres vestidas con un culotte y una camisa recortada. Cuando estas dos hermanas irrumpieron en el panorama canario e internacional, hubo muchas personas que asumieron que el hecho de que llevaran ropa apretada implicaba que no tenían nada interesante que contar. “Nos decían que seríamos un producto de verano, que al vestir sexy nadie nos iba a tomar en serio, que debíamos colaborar con hombres para triunfar, pero en una firma de discos vimos que el 90 por ciento de nuestro público eran mujeres que se sentían identificadas con nosotras y eso nos reforzó como artistas y también como personas”. Dentro de un género musical dominado por hombres —igual que la mayoría de géneros y espacios públicos, en general, en la historia del capitalismo—, K-Narias sobrevivieron al paso de los años gracias al abrazo calentito de una gran comunidad de mujeres canarias (y del resto del mundo). Y eso fue lo que sentimos mi amiga S. y yo aquella primera vez, en los descansos de las noticias de Televisión Canaria del 2005: un abrazo calentito, la confirmación de nuestra identidad, nuestra verdad y nuestro valor. Esa música era para nosotras, la habían hecho para S. y para mí; nos representaba. Y por eso la Escala Hi-Fi fue un éxito. Vibramos. El barrio entero vibró con Las K-Narias.</p>
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