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	<title>Nora Navarro, autora en Mujeres Canarias</title>
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		<title>Primeras tardes con Teresa Correa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nora Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Oct 2021 08:11:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p>Entonces yo era una periodista en ciernes de 23 años que debutaba en el periódico con tantas ganas como miedos y me parapetaba detrás mi libreta inflamada de preguntas. Recuerdo que el fuego de Teresa en la pared me devolvió el reflejo de mi rostro en el centro de la hoguera y, como sucede cuando el arte rompe de un hachazo la tela del invernadero, su obra abrió una jaula dentro de mi piel y grabó su nombre en mis entrañas.</p>
<h2>El mapa de los pasos de Teresa</h2>
<p>Ahora que desando esta cronología de encuentros constato que todas mis tardes con Teresa, incluso la primera sin Teresa, han transcurrido en los espacios que apuntalan el mapa sentimental de su trayectoria artística: después de la Galería Saro León, donde ha expuesto en numerosas ocasiones de la mano de su artífice y, sobre todo, amiga, desde su sede en Villavicencio hasta bienales de arte en Seúl o Miami, mis tardes sucesivas con Teresa han agotado horas en los pasillos de El Museo Canario o el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM). En ambos espacios del casco de Vegueta, custodios del patrimonio histórico y el diálogo contemporáneo en el nudo de las islas, Teresa explora los depósitos de la memoria colectiva, estudia sus reminiscencias y cuestiona sus relatos hegemónicos para plantear otras narrativas posibles, que recontextualiza y desvela en el espacio libre y polisémico del arte. </p>
<p>Su mirada de alcance universal es una búsqueda apasionada de formas y lenguajes fuera de los marcos, donde escribe su propia contrahistoria en la órbita de un horizonte de simetría que confronta distintas disciplinas y sus límites, moldes y confines y páginas arrancadas. Su Díptico de la especulación (2016), del latín speculum, que significa “espejo”, descose el discurso científico y destrona sus axiomas para proyectar sus posibilidades en el espacio expositivo del museo, toda vez que su fotografía Madre (2003), obra inaugural de su proceso creativo y de investigación antropológica, como una madre fecunda que hilvana todo su universo como artista, mimetiza la morfología de este cráneo aborigen ancestral con el suyo, como un vestigio eterno del polvo que fuimos y que somos. Y esta simetría es siempre feminista, porque siempre defendió que ese horizonte que se extiende más allá de la retícula solo puede redibujarse bajo la luz de esa misma noción de horizontalidad, con nuevos espacios en la charca que equilibren una línea de salida sin viejos privilegios. </p>
<h2>De pájaros y flores</h2>
<p>A vista de pájaro, los códigos de Teresa cifran un mapa artístico personal que reinterpreta en su leyenda el sentido de la imagen, la memoria, la identidad o el tiempo, que concibe siempre en sus dimensiones de multiplicidad, contradicción y movimiento perpetuo. Una equis en la cartografía de sus pasos artísticos en su tierra natal marca en rojo el espacio CAAM-San Antonio Abad, en la plaza homónima del casco, entre cuyos muros se erige la vetusta mansión que adquirió su bisabuela, Catalina Gómez Suárez, en 1907, y donde, un siglo y una década después, la artista inauguró la exposición Hablando de pájaros y flores, bajo el comisariado de la fotógrafa y también amiga Raquel Zenker. Esta sumersión abisal en el imaginario artístico de Teresa desvelaba la memoria íntima como un trasunto simbólico de la memoria colectiva en los carriles de sus procesos de investigación en el Museo Canario. Una de sus instalaciones más rotundas es la pieza Umbral (2017), que emula el rito del enterramiento de los aborígenes canarios a través de una construcción de huesos humanos desclasificados, como un pozo de la memoria que entrevera los discursos del patrimonio arqueológico, el discurso científico y el poder transformador del arte. </p>
<p>Pero su más bella metáfora coronaba el recorrido expositivo bajo el título Tránsito (2017), broche alegórico de una artista siempre en movimiento, con una gran videoproyección sobre cortinas budgetstring inspirada en la técnica de retratos compuestos, acuñada en 1878 por Herbert Spencer y Francis Galton, primo de Darwin, donde proyecta una sucesión de rostros y bustos que cuestionan el estigma de la racialización y lo diverso. La lluvia de temporalidades de Tránsito invita al espectador a traspasar la persiana de imágenes donde la artista, además, intercala su propia fotografía, en la que descubre valientemente la cicatriz del cáncer. Recuerdo que Teresa describió Tránsito como “una invitación a ser el lugar de la imagen y posicionarse” y que, entonces, pensé que Teresa no solo es una artista que habita el fuego, sino que lo atraviesa y renace en sus llamas como el ave fénix. </p>
<h2>El fuego de la memoria</h2>
<p>El mes de junio de 2021, ocho años después del primer fuego, el director de la Casa-Museo León y Castillo de Telde, Franck González, me propuso retomar la coordinación del ciclo Más que musas, basado en una serie de homenajes a distintas mujeres que han desempeñado una labor destacada -y silenciada- en el ámbito de la cultura y el arte en Canarias, con la vocación de restituir, en cierta medida, esa página arrancada que ha sido y sigue siendo el papel de las creadoras en el relato de la historia del arte universal. Cuando marqué, sin pensarlo, el nombre que prendía en mis entrañas, le propuse a Teresa Correa celebrar el encuentro en la víspera de San Juan. Y me dijo que sí, “como dos brujitas de la mano en la noche de la fogalera”. Entonces me abrió un nuevo capítulo en el mapa de sus pasos y supe que Telde, patrimonio de brujas y de hogueras, aloja la raíz de su estirpe materna. Durante aquellas tardes vicarias con Teresa rescaté muchas piezas del puzzle de una artista que nunca se termina: el amor por los procesos más que por los resultados, la conciencia de la finitud que carga de sentido nuestras vidas, el simbolismo del fuego como ritual purificador.  </p>
<p><em>Conversación de WhatsApp con Teresa Correa:</p>
<p>16/6/21. </p>
<p>17.38h. Nora, ¿tú crees que Franck nos pueda poner en el patio un pequeño bidón donde podamos quemar papelitos escritos con lo que queramos que arda?</p>
<p>17.43h. Ay Tere, eres genial!! Pues se lo pregunto ya mismo porque me encanta la idea.</p>
<p>17.44h. Nos va a matar (seguridad, etcétera), pero la ocasión no puede pintar mejor y hacemos un ritual!!</p>
<p>[Conversación breve y épica con Franck: ¡Peeeeero Noooora!]</p>
<p>18.00h. Tere, acabo de hablar con Franck y pasa de nosotras, que le quemamos la casa dice. ¿Pensamos alternativas?</p>
<p>18.01h. Jaja, me lo imaginaba. Pensemos…</em></p>
<p>Mi última tarde con Teresa en su homenaje en la víspera de San Juan nos embarcó en un viaje en escoba por las constelaciones de una artista que sigue buscando el vuelo de su libertad en la próxima fotografía. El fuego de Teresa conjuró a su alrededor todos los nombres de su mapa, iluminada por una hoguera virtual avivada por el cineasta y también amigo Miguel G. Morales en pantalla grande, y una llama compartida con la que alumbramos un ritual propio de la noche mágica. En cada asiento de la sala, colocamos una hoja en blanco junto a un lápiz como símbolo de esas páginas arrancadas en el relato desigual de la historia, constreñida bajo la sombra del canon heteropatriarcal, donde invitamos a que cada asistente inscribiera el nombre de una mujer o mujeres que hayan marcado nuestras vidas o abierto nuestras jaulas. </p>
<p>Como anfitriona del rito, Teresa describió la promesa de recomienzo, nacimiento y libertad que entrañan las hogueras de San Juan y que atesora como una ceremonia íntima porque, en su reencuentro con la luz en la hora más oscura de épocas pasadas, el fuego vino a alumbrar la noche. “Reivindicamos este fuego purificador y de la memoria, que viene a rescatar de las cenizas a todas las mujeres que fueron arrojadas en algún momento a ese otro fuego devastador y del olvido”, manifestó. Los nombres revividos en las páginas de nuestro encuentro se depositaron en un pequeño cofre que, a modo de objeto artístico, cerramos para siempre antes de despedir (e inaugurar) la noche.</p>
<p>&#8211; Oye, Tere, quédate tú el cofre, le digo antes de marcharnos.<br />
&#8211; ¿Yo, Norita? ¿Y tú?<br />
&#8211; Yo me quedo con los lápices.<br />
(Sorprendentemente, cada uno de los presentes devolvió el suyo).</p>
<p>Un mes después de mi última tarde con Teresa, inicié una mudanza a una casa más grande (una mudanza también entraña, en cierto modo, un recomienzo). Una de mis primeras adquisiciones consistió en una nueva mesa para escribir en la habitación propia, donde deposité un tarro de miel que mi madre me pintó de color verde esmeralda, y en el que hoy asoman 30 lápices de Staedtler. Cada vez que observo esas 30 puntas mirando al cielo, me pregunto cuántas historias caben dentro de un lápiz, si una vida entera alcanza para gastar 30 lápices en relatos, crónicas, anotaciones, nombres, versos, cartas, testimonios, ideas o memorias. Y yo espero agotarla al mismo ritmo que el grafito contra la hoja en blanco y el olvido. </p>
<h2>Otros artículos de Nora Navarro</h2>
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		<title>Eternamente, Yolanda Graziani</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nora Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Sep 2021 11:02:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/yolanda-graziani/" title="Eternamente, Yolanda Graziani" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Yolanda Grazini por Nora Navarro" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Yolanda-Graziani_InicioWeb-1300x710.png 1300w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>Cuando contemplo los paisajes lunares, celestes y telúricos de Yolanda Graziani, la pincelada realista de lo desconocido y la verdad oculta de lo soñado, recuerdo aquella reflexión del escritor polaco Stanislaw Lem en una de sus novelas cumbre, Solaris, que reza: «No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos». Entonces regreso a esos lienzos siderales, a la...</p>
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<p>La artista ha contado en numerosas ocasiones que pinta las constelaciones que bailan detrás de sus párpados. «Cuando cierras los ojos y ves ese paisaje que parece real, pero no lo es: esa es mi pintura. Nunca copio nada, porque todo está aquí dentro», revelaba la pintora nonagenaria en 2019, los pinceles ya depuestos, pero la misma llamarada en el centro de la retina, que imagino proyectando nebulosas y asteroides piel adentro, como los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina en el cielo de sus mundos. </p>
<p>Nacida en 1926 en Las Palmas de Gran Canaria, en una familia de 13 hermanos y hermanas de ascendencia italiana -su padre, Agustín Graziani, de Ravena; su madre, Blanca Rosa, de Venecia, emigrados en 1913 y afincados en Teror-, la obra artística de Yolanda Graziani ha sobrevolado tejados, firmamentos y planetas desde la década de los 60 del pasado siglo XX, pero su nombre se desdibujó bajo el techo opaco que obturaba entonces cualquier gloria en femenino. Podría decirse, incluso, que la brecha inauguró y marcó su ascenso en el -desigual- mundo del arte cuando, en 1962, respaldada por sus amigos Rafael González, Felo Monzón y Carlos Morón, presentó un tríptico a la décima edición de la Bienal Regional de Las Palmas, en el Gabinete Literario, donde fue galardonada con el gran Premio de Honor por unanimidad del jurado. Sin embargo, los recelos por parte de numerosos participantes, que desdeñaron su designación por tratarse de una pintora recién iniciada, provocaron que la distinción se relegase finalmente al denominado Premio Conjunto Pintura. «Ahí empezó todo», rememora la artista, entre la alegría y la pesadumbre. Pero solo un año después, Yolanda cortaba la cinta roja de su primera exposición individual en el mismo Gabinete, con el patrocinio del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Apenas acababa de estirar los primeros rayos en el amanecer de su carrera artística, que se prolongaría durante más de medio siglo con exposiciones en galerías y salas de arte de todo el mundo.</p>
<h2>Yolanda Graziani: alma atormentada y soñadora</h2>
<p>Pintura libre y subversiva, ajena a escuelas y corrientes, con un poderoso e hipnótico dominio formal del surrealismo hiperrealista; tal vez su búsqueda de otros mundos no fuera sino el espejo de la búsqueda propia y ese proceso entraña huidas, extravíos y muertes: «Cuando se toca el fondo, aparece la forma», en palabras del escritor cubano Lorenzo García Vega. «Cuando se trata de llegar al fondo de uno mismo, de nombrar algo que no tiene nombre, de decir lo que no se sabe decir, en ciertos estados extremos; de angustia existencial o de enamoramiento, de extrañeza ante el mundo o ante la propia identidad», escribió el poeta argentino Mariano Peyrou. Esas formas recortan las cimas y precipicios del estado de ánimo de Yolanda, alma atormentada y soñadora que florece y naufraga en un mismo desierto, y que la artista pinta con el color de sus emociones. «Su obra es una auténtica confesión», expuso la historiadora del arte e investigadora Laura Teresa García Morales, una de las conocedoras principales de un universo plástico que conmocionó a numerosos artistas internacionales consagrados como Salvador Dalí, quien vio en la artista grancanaria a <em>un ser de otro mundo, a un animal de galaxia</em>, como reza la canción de Silvio.</p>
<p>En su primera etapa, la tristeza intrínseca de la artista se proyecta en sus denominadas <em>pinturas negras</em>, que conforman un camposanto de cuevas criptas catacumbas cenobios y castillos en tonos grises y fundidos a negro. Su magnífico lienzo <em>Noche de difuntos</em>, dedicado a la pérdida de un ser muy querido, se erigió en el primer cuadro que vendió en Madrid, en el marco de su primera exposición en la capital, en la sala Nebli, en 1965. Un año después, el vuelo de Yolanda Graziani cruzó fronteras hasta la tierra de sus ancestros, con un intenso itinerario expositivo en galerías de Roma, Faena, Florencia y Venecia. En esta última, donde expuso tres cuadros como parte de una gran muestra colectiva, la llamaron para comunicarle que sus obras fueron las más celebradas. «Mi tristeza es oscura, muy oscura», confiesa Yolanda en un susurro. «Pero cuando estoy nerviosa o inquieta, pinto en rojo», añade después, con las manos extendidas hacia arriba, las contraventanas de sus ojos de par en par. «Luego, en etapas más tranquilas y espirituales, trabajo con el blanco y, cuando he estado romántica y enamorada, uso los colores pastel». «Y los cuadros me salen mal, muy mal, o demasiado bien, porque no tengo término medio», sostiene. «Yo he tirado muchísimos cuadros, los he roto, los he quemado, pero he vendido todavía muchísimos más, porque yo, que no lo tuve fácil por mi carácter y mi tiempo, he pintado más de 2.000 cuadros y, sobre todo, me he podido permitir vivir de mi arte».</p>
<h2>Llenó la luna con el pensamiento</h2>
<p>A estas primeras variaciones anímico-cromáticas le suceden nuevas coordenadas pictóricas con sumersiones a fondos marinos abisales y excursiones a geografías interplanetarias en gran formato, que alcanzan su obra cumbre con sus paisajes lunares. Pintados entre 1964 y 1970, la artista no solo evoca la luna envuelta en atmósferas oníricas sino que, además, inventa sus cráteres, mesetas y coladas basálticas como si hubiese habitado sus misterios en alguna vida anterior. En verano de 1968, Mr. H. William Wood, entonces director de la Red de Estaciones espaciales de la NASA, seguidora del <em>Proyecto Apolo 11</em> que, un año después, llevó al ser humano a la Luna, visitó la estación espacial de Maspalomas, en Gran Canaria, que coincidía, en el extremo opuesto de la isla, con la celebración de una exposición antológica de Yolanda Graziani en el Museo Canario, que obtuvo una importante repercusión en el mundo del arte local. Cuando Wood recibió uno de los catálogos de su obra, el norteamericano pidió ir a conocer personalmente a la artista a su estudio en Las Palmas de Gran Canaria. A su juicio, los cuadros de Yolanda traducían con asombroso realismo “el extraño e indefinible mundo de color que reflejan las fotografías de la Luna. Un mundo de color ambiguo, amortiguado, espectral, y casi inexistente. Un anticolor”, a lo que añadió poco después que «Yolanda llenó la luna con el pensamiento antes de que los astronautas aterrizaran en ella». </p>
<p>Aquel mismo año, Yolanda visitó a Dalí en su residencia en Cadaqués, donde realizaron una performance juntos en que la artista lucía un outfit de diseño escogido por el surrealista. “Y con lo presumida que una era y sigue siendo”, ríe Yolanda al recordar aquella noche. Dalí quedó prendado de su obra y declaró que “la técnica de Yolanda Graziani es prodigiosa, su fantasía te hace ver esos mundos alejados para las personas corrientes, pero que existen, en la Luna, en el cosmos, y que es solo dado a ver a los elegidos”. Por su parte, la artista manifestó que “Dalí tenía dos personalidades, la excéntrica que mostraba en público y la sensata que dejaba ver en la intimidad”. También cuenta que le propuso montar una exposición conjunta, pero que no se llegó a celebrar porque su madre enfermó. La artista permaneció un año entero sin sentarse ante un lienzo. </p>
<p>Sin embargo, Yolanda Graziani siempre regresó a los pinceles y colores de sus mundos, aunque la angustia mordiese en silencio y el olvido cerrara las puertas de las habitaciones propias, como le sucediera entonces a grandes artistas coetáneas como Lola Massieu o Pino Ojeda. Pero Yolanda continuó pintando espumas del Atlántico y minerales de las entrañas de la tierra con esmaltes, tintas y lacas, aun cuando estas últimas la intoxicaran gravemente, y se viese impelida a explorar nuevos medios y caminos. “Yo he pintado hasta desmayarme y caerme y no poder más, como un descenso a los infiernos”, confiesa.</p>
<h2>Donde el dolor reposa</h2>
<p>Con todo, si nos conformamos con este único mundo, Yolanda Graziani lo ha habitado desde muchos otros que han dado la vuelta a su circunferencia para incorporarse a colecciones particulares en España, Estados Unidos, Suecia, Italia, Suiza, Hispanoamérica, Francia e Inglaterra, así como a colecciones públicas que engloban desde Canarias a Italia, Japón o Miami. </p>
<p>Su estado de salud, cada vez más frágil, le arrebató los pinceles en estos últimos años y la artista, siempre inquieta, se dispuso a ordenar poemas que ensayaba en privado y donde ejercitaba una suerte de écfrasis a través del yo. Este material poético, que cultivó en el envés de su arte, vio la luz el pasado 2018 bajo el título <em>Sueños de bruma espesa</em> (Mercurio Editorial, 2018). Aunque su memoria se debilita a cada paso de estación, aún recita verso a verso su poema <em>Mi Pintura</em>:</p>
<div style="text-align:center;padding:15px; padding-bottom:40px;font-size:18px;">“Mi pintura es el reflejo del alma / dolor del espíritu cansado / de vivir constante amargo / es la entrega a la amargura donde nace y muere a cada instante el ansia y la angustia más pesada / de mi vida atormentada / son pinceladas y colores que reflejan mi paz lejana / mi nostalgia más cercana / es agonizar a cada paso / es tan triste cuando me preguntan qué son esas manchas negras que presento / es mi yo introvertido / mi alma transportada al lienzo donde el dolor reposa / lo confieso».</div>
<p>Así lo escuché el pasado invierno, en una visita a su casa de Las Canteras para preparar un merecido homenaje a su trayectoria en Telde que, también por razones de salud, nunca llegó a celebrarse. Le había preguntado por su pintura, otros mundos, y le pregunté por su pintura, sus espejos.</p>
<div style="text-align:left;padding-left:15px; font-size:18px; padding-top:15px;">Yolanda, ¿por qué estás triste?<br />
Siempre fui una niña muy triste y muy melancólica. Me entristece el dolor del mundo, la muerte de mi madre, de mi querida Chona Madera y de mis hermanos&#8230; Me pone triste lo que se pierde para siempre.<br />
¿Pintar es una forma de salvarlo o de salvarte?<br />
Sí -contraventanas de par en par-. Pienso que, cuando todo se pierda, quedarán mis cuadros.
</div>
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		<title>Amada Elsa, amada La Palma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nora Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Aug 2021 16:46:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/amada-elsa-lopez/" title="Amada Elsa, amada La Palma" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Elsa Lopez por Nora Navarro" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Elsa-Lopez_Inicio-web-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>La primera vez que acudí al Festival Hispanoamericano de Escritores en Los Llanos de Aridane distinguieron a Elsa López (Guinea Ecuatorial, 1943) como Hija Adoptiva de La Palma. La noche de aquel viernes coronaba una semana intensa de encuentros y lecturas en el Parque Antonio Gómez Felipe (Parque de los Monos, para los nativos) y,...</p>
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<p>

<blockquote id="shortcode-1addbba4b899ce3b17d93256797100f4" class=" " >
	<i class="blockquote-icon"></i>
	<i class="blockquote-icon"></i>
	<div class="blockquote-content font-subheading">
		<p>Cuando el viento estremece las ramas de las acacias<br /><br />
y siento que es ya otro tiempo,<br /><br />
y abro en las esquinas la puerta de la sombra,<br /><br />
y mi pecho se inunda de bruma,<br /><br />
y recuerdo que hay entre encinas lúgubres<br /><br />
los primeros restos de escarcha,<br /><br />
yo vuelvo a La Palma.</p>
	</div>
	</blockquote><span style="font-weight: 400; font-size: 18px;">Apenas se escuchaba el murmullo de los coches por la Carretera General de Puerto Naos, la misma que conduce a la casa de mi abuela, y entonces pensé que los caminos de ida y vuelta que entretejen nuestro mapa vital siempre alojan algo inmutable, no sé si ligado a los territorios, a los rostros o a las ideas, pero que quizás sea la definición más aproximada de quiénes somos. Siempre he concebido la relación de Elsa López con La Palma casi como una metonimia, que me ha permitido releer los paisajes de los inviernos y veranos de mi infancia en sus poemas: «El reborde de espuma rizado de gaviotas / Los volcanes al sur, al norte los barrancos / La palma de su mano abierta bajo el cielo / en forma de caldera». La primera vez que vi a Elsa López, con su larga cabellera plateada y su mirada serena, descendía por la Calle Real de Los Llanos hacia La Plaza, la misma donde los viernes compramos marquesotes y almendrados a las monjas, y donde mi abuela retiraba la piedra que pisa las esquelas repartidas por los bancos para otear la edad de los difuntos: «Mira, a este le voy ganando». Entonces pensaba en lo lejos que ha volado Elsa desde el mundo chico que fue La Palma a la edad en que se cosió las alas contra los barrotes del franquismo: narradora y poeta, catedrática, filósofa y docente, editora y gestora cultural, investigadora y antropóloga; al frente de numerosos proyectos de índole cultural, como la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid (1987-88), la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores (2002-2006), el Ateneo de La Laguna (2011-2013) o, actualmente, directora de Ediciones La Palma, que fundó en 1989 y abrió desde entonces una ventana universal al panorama literario de las islas. Y es que Elsa se lee a sí misma, sobre todo, en la literatura y en La Palma, toda vez que, como ha manifestado en tantas ocasiones: «La literatura es una consecuencia de mi amor por la isla».&nbsp;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Realmente, yo fui concebida en esta isla</h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Si volvemos al principio, Elsa López no nació en La Palma y, sin embargo, comenzó a existir antes en ella. La abogada e investigadora María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos de Aridane, desempolvó una nota social del Diario de Avisos, fechada el 23 de agosto de 1942, que rezaba: <em>«Viajeros: Ha marchado a Santa Isabel de Fernando Poo el farmacéutico botánico de la Dirección de Agricultura de la Guinea Española, Don Manuel López Gómez Moreno, acompañado de su joven señora esposa, Doña Amada Elsa Rodríguez Álvarez, nuestro deseo de buen viaje»</em>. Así lo relató Elsa aquella noche de septiembre de 2020 para inaugurar su discurso: «Yo nací el 17 de enero de 1943, lo que quiere decir que mi madre salió embarazada de La Palma de aproximadamente cuatro meses. Ustedes me nombran como hija adoptiva pero, realmente, yo fui concebida en esta isla, concretamente, en una casita de San Antonio». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Sus primeros cinco años de vida transcurrieron en el continente africano hasta 1955, año en que su familia regresó a La Palma. Para entonces, Elsa ya había aprendido a leer a través de los pájaros pintados en las cajas de fósforos, que su madre le animaba a memorizar y repetir en voz alta para inculcarle «el valor de palabra y del nombre de las cosas». Apenas unas décadas después inauguró su propio vuelo con rumbo a Madrid, donde estudió Bachillerato y, después, se licenció en Filosofía y Letras (que después cristalizaría en el doctorado y en la cátedra). Entonces corrían los años 60 y Elsa se abrió paso en la realidad represiva de la dictadura en el kilómetro cero cuando ni siquiera <em>Renfe</em> autorizaba el acceso de las mujeres, sin permiso marital, a sus estaciones. «Si yo luché en los años 60 por ocupar un lugar físico en la sociedad fue a costa de ir a un banco y que me negaran un dinero por no llevar la autorización de un marido. Y montarles una bronca, claro», narró en una entrevista que realicé para <em>La Provincia</em> en 2019.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>La independencia y las uñas de rojo de Elsa López</h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Su primer trabajo en Madrid consistió en pegar sellos en la Puerta de Alcalá, «donde descubrí que la independencia me permitía pintarme las uñas de rojo». En 1973, publicó su primer poemario, <em>El viento y las adelfa</em>s, que presentó en el Teatro Chico de Santa Cruz de La Palma, con los escritores Juan Fierro, Elías Santos, Juan José Gómez y Luis Cobiella sentados en el primer palco. «Cuatro caballeros andantes, cuatro escuderos que, con aquel gesto querían simbolizar públicamente que estaban a mi lado; que me protegían y adoptaban de alguna manera», evoca Elsa, que aquel año inauguró una de las trayectorias poéticas más sólidas e internacionales del parnaso de las islas, con títulos como <em>Del amor imperfecto</em> (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, 1987), <em>La Fajana Oscura</em> (Premio Internacional de Poesía Rosa de Damasco, 1989) o <em>Mar de amores</em> (XII Premio Nacional de Poesía José Hierro, 2001). Y aunque en sus comienzos apenas despuntaban escritoras visibles en España -en la penumbra, hubo legiones-, Elsa incorporó a su vuelo libre los múltiples senderos que conforman esa amplia constelación híbrida y diversa donde, además, entrecruza muchas de sus obsesiones enraizadas en La Palma, como las supersticiones, el mundo rural o la brujería. Su obra poética figura en numerosísimas antologías y publicaciones colectivas nacionales e internacionales de diversa índole que, a su vez, ha sido traducida al árabe, francés, inglés, italiano, neerlandés y portugués, a lo que se suma una amplia nómina de premios y reconocimientos a lo largo de su vida.&nbsp;</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Uno de sus primeros poemas, incluido en aquel poemario primigenio, <em>El viento y las adelfas</em>, de 1973, sigue así:</span></p>
<p>

<blockquote id="shortcode-89e63c32ebc9ae6e2939ed08b1c4985d" class=" " >
	<i class="blockquote-icon"></i>
	<i class="blockquote-icon"></i>
	<div class="blockquote-content font-subheading">
		<p>Cuando el humo de los tugurios me araña los ojos<br /><br />
y de los labios se me deslizan comisuras blancas,<br /><br />
y hay espuma en mis sienes,<br /><br />
y el olor del asfalto se me pega como un sudario a la nuca,<br /><br />
y recuerdo que agazapados en sus cubiles<br /><br />
hay hombres que no conocen el mar,<br /><br />
yo vuelvo a La Palma.</p>
	</div>
	</blockquote><span style="font-weight: 400; font-size:18px;">Y Elsa López regresó a La Palma, donde reside desde hace muchos años y a la que hoy se agarra «como una enredadera a un tronco». «Me fui y volví. Siempre volvía. Me he ido y he vuelto siempre. Yo lo elegí así, y así lo quise. (…) Elegí estudiar, elegí escribir, y elegí amar en esta isla desde ella y en ella. Y ahora, en los últimos tramos de mi vida, he elegido ser la misma que fui hace 72 años cuando llegué a ella por primera vez, con sólo cinco años. Y vuelvo a caminar por esa cuesta que es parte de mi alma. Y vuelvo a sentirme feliz al lado de esas personas que la habitan o la habitaron un día: mi familia, Andreína, Lola Guardia, Paulina… Mujeres de mi madre, mujeres de mi infancia, mujeres mías ya para siempre».</span><br />
&nbsp;</p>
<h2>Las mujeres de la infancia de Elsa López</h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Sin embargo, para referirse a sus espejos, Elsa prefiere hablar de raíces afectivas, más que de territorios o paisajes. Y entonces la poeta vuelve a esas mujeres de su infancia: a su madre, a su abuela, a la rama materna de una familia de campesinos procedente de Garafía, en el norte de La Palma, con un pasado de migraciones y esfuerzos denodados por salir adelante contra el hambre. Cuenta Elsa que su madre le dio “el criterio, la educación, las ganas de luchar, la fortaleza”. En su juventud la rebautizaron como <em>Elsa la insumergible</em> o <em>la corcho</em>, «porque si me empujaban pa’ abajo, me subía otra vez: esa era mi actitud en todo, no solo en la literatura, sino en la vida», y hoy defiende que «yo he trabajado a lo largo de toda mi vida como una hormiguita, porque si hay algo que siempre reivindico es el trabajo como constancia».&nbsp;</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Entonces, como <em>inevitable océano</em>, leo en su relato mi propia historia y la de mi madre, de Tazacorte, que siempre me animó y espoleó para que estudiara, leyera y escribiera, como hizo a su vez mi abuela para que ella estudiase Medicina en los años 70. Pienso en todas las madres palmeras como pinos canarios de piel ignífuga que jalonan la ruta de los volcanes y que cultivan la tierra sembrada con sus manos. Y leo la historia de todas las mujeres en la historia de Elsa buscándose en las estrellas y misterios de la isla de La Palma, en sus caminos y cuestas como las barrancas de Luvina por donde suben los sueños, como escribió Rulfo, y aunque, a veces, la piedra de Sísifo ruede cuesta abajo hasta las faldas de la desesperanza, Elsa y miles de mujeres siguen enfilando el camino porque, como dice uno de sus versos, «no he renunciado ni al amor, ni a la herida».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Amada Elsa, Amada La Palma, la una existe y acontece en la otra, como las mujeres que nos leemos y nos entendemos mejor en las historias de otras mujeres, como cuando yo leo y escucho a Elsa, y entiendo mejor la forma de mis alas y de mis raíces, y de mis piedras y de mis sueños. Y vuelvo a La Palma.&nbsp;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Bibliografía:</h2>
<ul>
<li><span style="font-weight: 400;">Navarro, N. (2019): <a href="https://www.laprovincia.es/sociedad/2019/03/05/elsa-lopez-he-sido-excepcion-9358009.html" target="_blank" rel="noopener">Elsa López: “Sé que he sido una excepción entre tantas mujeres que no pudieron dedicarse a escribir”</a>. Publicado en La Provincia el 5 del 3 de 2019.</span></li>
<li><span style="font-weight: 400;">Hernández, J., Vilas, P. (2020): <a href="https://alegando.com/elsa-lopez/" target="_blank" rel="noopener">Alegando con Elsa López</a>. Publicado en Alegando! Magazine el 20 del 8 de 2020.</span></li>
</ul>
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		<title>Berbel, la poeta escribible</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nora Navarro]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Jul 2021 08:18:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<a href="https://mujerescanarias.com/berbel-la-poeta-escribible/" title="Berbel, la poeta escribible" rel="nofollow"><img width="1920" height="1048" src="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb.png" class="webfeedsFeaturedVisual wp-post-image" alt="Maria del Pino Marrero Berbel por Nora Navarro" style="display: block; margin-bottom: 5px; clear:both;max-width: 100%;" link_thumbnail="1" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb.png 1920w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-300x164.png 300w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-1024x559.png 1024w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-768x419.png 768w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-1536x838.png 1536w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-700x382.png 700w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-400x218.png 400w, https://mujerescanarias.com/wp-content/uploads/2021/05/Berbel_InicioWeb-1300x710.png 1300w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /></a><p>Berbel, una poeta que cose palabras y funde colores Berbel almacena palabras como agujas en el alfabeto de su costurero. Entre ironías y paradojas escribe la trama de sus días en el idioma impertinente y polisémico de quien hilvana versos sin dedales, que es el único principio posible cuando se transgrede la norma en la...</p>
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<p>Berbel almacena palabras como agujas en el alfabeto de su costurero. Entre ironías y paradojas escribe la trama de sus días en el idioma impertinente y polisémico de quien hilvana versos sin dedales, que es el único principio posible cuando se transgrede la norma en la literatura y en la vida. La poeta cose palabras como funde colores y desdobla su vocación renacentista en la Berbel pintora, la fotógrafa, la ilustradora, la guionista, la activista y la docente.</p>
<p>Artista total o multidisciplinar, según la crítica; mujer todoterreno, como la bautizara su padre, de profesión militar, nacido en Firgas; y que su madre, natural del levante español, definía en el proverbial <em>vale pa&#8217; un roto y pa&#8217; un descosío</em>. Quizás por ello, la poeta zurce verbos y pronombres y adjetivos, <em>imperios de gramáticas perversos</em>, <em>locura de metáforas amargas</em>, dando puntadas con el hilo de colores de su ingenio, <em>bordando en las esquinas las iniciales de la felicidad</em>.</p>
<p>Cuenta María del Pino Marrero Berbel, conocida cariñosamente en las islas como Berbel (Cartagena, 1950), que primero fue la mirada: el embrujo de una niña que observa embelesada las manos de su madre tejiendo formas en la nada en sus labores de ganchillo. Después, llegaron las palabras. Su primer acopio es una lista de pecados por mandato de las monjas, que extravía en un descuido una mañana antes de la confesión de cada miércoles. Entonces, la pequeña Berbel pone la casa bocabajo en pos de sus pecados perdidos, y quizá esa sea la búsqueda de todas las mujeres antes de descubrirse feministas.</p>
<h2>Berbel y su andar como artista multidisciplinar</h2>
<p>Su niñez “medio arrebatada” transcurre a caballo entre la península y África, hasta que, en el preámbulo de su primera década de vida, recala con su familia en la isla de Gran Canaria. Para entonces, los mapas de Berbel ya codificaban su leyenda con la simbología de un bagaje multicultural que, en clases de geografía, pintaba el Ebro y el Tajo de color marrón como los ríos africanos. “¡Así los había visto yo!”, rememora la poeta. Su asombro ante la paleta multicromática que colorea el mundo la lleva a ingresar en la prestigiosa Escuela Luján Pérez, radicada en el casco de Vegueta, con solo 14 años, donde traba contacto con el célebre pintor indigenista de Gáldar, Antonio Padrón, quien rubrica una impronta destacada en su imaginario plástico. Estos fueron <em>sus primeros indicios</em>, <em>pequeños fonemas sueltos</em>, hasta que, en las postrimerías del franquismo, Berbel se traslada a la isla de Tenerife para estudiar la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna. A su término inicia una larga andadura profesional como profesora de Lengua y Literatura en ambas islas, que desempeñará durante 43 años irradiando en su alumnado la pasión por la palabra.</p>
<p>En paralelo, la década de los 80 inaugura los primeros vuelos literarios de Berbel, que publica su primer poemario, Apoemas del alba escarlata (Editorial Ronda), en 1982, así como su primer libro de cuentos, Cachos (Gráficas Aguañac), en 1985. Este período literario la inscribe en la denominada Generación del silencio, acuñada por el narrador y poeta Emilio González Déniz, que engloba a los poetas grancanarios que emergen en esta década, y donde Berbel se erige en la única mujer poeta junto a nombres como José Miguel Junco Ezquerra, Javier Cabrera, Aventino Sarmiento, Teodoro Sosa o Sergio Dominguez Jaén, a los que se unieron más tardíamente figuras como Noel Olivares, Juan Carlos de Sancho, Antonio Arroyo, Marcos Hormiga y Cristina R. Court. Una década más tarde, esta nómina plural de poetas cristaliza sus distintos lenguajes en la antología <em>Acantilado y Silencio</em>. <em>Panorámica de la generación poética grancanaria de los 80</em>, siglo XX (Cabildo de Gran Canaria, LPGC, 2004) y, en la conmemoración de su décimo aniversario en 2014, Berbel celebra la paradoja de que este conjunto silencioso siga haciendo ruido. “Nos llaman la generación del silencio y mira lo que alegamos”, manifiesta. </p>
<p>En el filo del siglo XX, la poeta recibe el accésit del Premio de Poesía Tomás Morales por su poemario <em>La Grecia que hay en mí</em>, publicado en 1999 por el servicio de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria. A continuación, el siglo XXI abriga la efervescencia poética de Berbel desde la primera luz y hasta el presente a partir de una doble publicación en 2002: <em>Ojos de lienzo (Historias del Arte)</em>, una edición de autora donde glosa las obras de arte que impactaron su universo &#8211;<em>esta es la huella de mis lienzos, los ojos de mi vida, los colores de mi respiración. Los círculos del tiempo que forman cada una de las emociones</em>, escribe- y el poemario <em>Los días quebrados</em> (Huerga y Fierro Editores). En 2005, Berbel se alza con el primer galardón del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, convocado por el Ayuntamiento capitalino, por <em>Las mil y una</em> y, un año después, publica el poemario <em>Los desiertos extraños</em> (Editorial Baile del Sol).</p>
<p>Además, <em>pleonasmo de mi vida</em>, Berbel ha realizado alrededor de medio centenar de exposiciones de pintura, fotografía, talla y cerámica desde la década de los 70, así como cuatro guiones y dos cortometrajes para cine; ilustraciones para una docena de publicaciones y 14 guiones para una colección de cómics sobre la historia de Canarias, toda vez que su obra poética integra las antologías <em>Poesía de Canarias en Viva Voz</em> (C.C.P.C. Las Palmas, 2002), <em>Penumbra y Amanecer</em>. (Centro de Estudios Poéticos, 2002) e <em>Ilimitada Voz</em>. <em>Antología de Poetas Españolas</em>, 1940-2002 (Publicaciones Universidad de Cádiz, 2003).</p>
<p>Sin embargo, una vertiente destacada de su trayectoria radica en su labor continuada de investigación, recuperación y visibilización del parnaso literario de las islas, que ha capitaneado desde una creatividad infinita con la publicación <em>Madrid en los poetas canarios</em> (Editorial Puentepalo, 2010), una compilación de textos y poemas de 45 poetas de casi todas las islas del Archipiélago, donde los autores y autoras evocan y poetizan su vínculo con la ciudad desde el éxodo; o la creación de <em>El club de las poetas muertas</em>, un tributo literario que rinde homenaje a 92 poetas canarias nacidas entre los siglos XV y XX, bajo la convicción de que es urgente reivindicar “las voces de las mujeres poetas en las islas porque en esta vida, lo que no se conoce, no existe”. Además, los puentes literarios que tiende Berbel cruzan el océano Atlántico hasta la orilla próxima y contigua de América Latina, donde se incorpora a numerosos grupos literarios, como el grupo de mujeres <em>El País de las Nubes</em>, con el que imparte talleres en pueblos indígenas a niños y niñas de enseñanzas medias. Luego, a su regreso, deshace las maletas rebosantes de versos de otras latitudes para expandir su eco en salas, museos, cafeterías y rincones de su isla grancanaria.</p>
<h2>Berbel, la poeta escribible y las personas bonitas</h2>
<p>Con todo, la nómina de títulos de Berbel a lo largo de medio siglo de escritura es larga, continua y caudalosa como los ríos de colores de su mundo. Incluso a espaldas de la pandemia que estremece este presente, Berbel juega con versos como corales y vestigios de belleza que aún devuelve el mar incierto, y que publica en sus títulos recientes <em>Poemas impertinentes</em> (Mercurio Editorial, 2020), <em>Tendido Cero</em> (Editorial Punto Rojo, 2020) y <em>Pespuntes</em> (Huerga y Fierro, 2021). A sus seres más queridos y queridas, se los envuelve en mascarillas quirúrgicas que introduce en un sobre, donde escribe que “los libros también son seres vivos y deben protegerse”. En estos nuevos poemas, Berbel sigue tirando del hilo de la música de la lengua como “única noción de patria”, con permiso de Benedetti: <em>Abuso de las suposiciones, Me crezco en exclamaciones, me subo por las paredes en el plano suprasegmental de mi lingüística casera, No guardo nada entre paréntesis, y entre comillas solo pongo la fe, sí, aquella que anda moviendo mis montañas</em>.</p>
<p><em>Alma bella</em> de ojos azules como hortensias y conversadora de excepción, su corazón es más grande que la isla que habita, y que este 2021 la distinguió como Hija Adoptiva de Gran Canaria por “su dedicación y entrega a la cultura, y por la calidad e importancia de su producción literaria, siempre con una visión de artista multidisciplinar”. A este reconocimiento se suman sendos homenajes el pasado 2019 en el marco del ciclo <em>Más que musas</em>, en la Casa-Museo León y Castillo de Telde, y en la Casa de Colón. Ese mismo corazón que ha resistido cuatro embates para erigirse como una letra mayúscula <em>y volver a coger fuerzas, armarse de valor y escribir a los cuatro vientos como quien grita</em>. La poeta que une nombre y apellido en una hermosa aliteración de dos sílabas sigue coleccionando palabras como agujas, pecados y corales para enriquecer el universo de su poesía y de su vida. Siempre cuenta que su palabra favorita es <em>Kilimanjaro</em>, no solo porque mira alto, sino por el deleite de su sonoridad, como <em>melifluo</em>, <em>iridiscencia</em> y <em>limerencia</em>, o <em>amorosar</em>, <em>escudilla y guanajo</em>, “porque no podemos perder nuestro léxico canario”, recuerda la poeta, “tenemos que <em>amorosar</em> nuestro lenguaje”, porque solo así nos reconocemos en lo que somos y nos encontramos con el otro. </p>
<p>Una vez, Berbel me dijo que los poemas más bellos de su vida son las personas bonitas [“acepción nacida del término <em>bueno</em>, que pasó al diminutivo <em>buenito</em> por entrañable y cariñoso, y que por asimilación vocálica derivó en <em>bonita</em>, en su femenino correspondiente, que se sitúa entre lo bueno y lo bello”, me explicó]. Berbel atesora a sus personas bonitas o personas-poema en el espacio privilegiado de su memoria de palabras y las define, además, como “personas escribibles”. Recuerdo que me pregunté cuántas “personas escribibles” se han cruzado en mi camino. A la primera, le dedico esta semblanza. </p>
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<h2>Enlaces consultados:</h2>
<ul>
<li> Perfil de Berbel en el portal de la editorial <a href="https://bailedelsol.org/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=175&#038;itemid=426" rel="noopener noreferrer" target="_blank">Baile del Sol</a></li>
<li>Jiménez, J. (2021) <a href="https://www.laprovincia.es/gran-canaria/2021/04/14/pino-marrero-berbel-ahora-decir-47508905.html" rel="noopener noreferrer" target="_blank">Pino Marrero Berbel</a>: <em>Ahora puedo decir que es la isla la que ha nacido en mí</em>. Publicado en La Provincia.</li>
<li><a href="https://www.teldeactualidad.com/hemeroteca/noticia/cultura/2019/09/18/7732.html" rel="noopener noreferrer" target="_blank">El Museo de Telde</a> rinde homenaje a Berbel</li>
<li>Valcárcel, R. (2013): <a href="http://www.larevistadecanarias.com/club-de-las-poetas-muertas/" rel="noopener noreferrer" target="_blank">El Club de las Poetas Muertas</a>. Publicado en La Revista de Canarias.</li>
</ul>
<p>Todos los versos en cursiva han sido extraídos del libro <em>Poemas impertinentes</em>, de Berbel (Mercurio Editorial, 2020).</p>
<p>La entrada <a href="https://mujerescanarias.com/berbel-la-poeta-escribible/">Berbel, la poeta escribible</a> se publicó primero en <a href="https://mujerescanarias.com">Mujeres Canarias</a>.</p>
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